Un recorrido exprés por Inírida y los Cerros de Mavicure

Por Iván Katz Asprilla y Juliana Piña Martínez*

Luego de casi dos meses de espera, nos embarcamos cuatro amigos en nuestro viaje para conocer los Cerros de Mavicure y otros lugares del departamento del Guainía. Nuestro recorrido inició un viernes por la mañana, esperando ansiosamente la salida del vuelo con destino a Inírida. Observando a los demás pasajeros que estaban esperando el abordaje, nos pudimos dar cuenta que compartían la misma expectativa. 

Aterrizamos en el aeropuerto Cesar Gaviria Trujillo y sentimos el primer golpe de calor y humedad. Estábamos agradecidos después de dejar el frío de la capital, ya que era la bienvenida que esperábamos de este lugar. Logramos rápidamente ubicarnos en los primeros puestos de una fila que resultó siendo para pagar la contribución turística, un cobro inesperado pero que le encontramos justificación. A la salida nos estaba esperando el señor Arcángel, de la agencia Puinave Travel. Nos ubicó en dos tuc-tuc y salimos con afán, directo al puerto de la ciudad, pues nos esperaba un trayecto de dos horas en lancha hasta la comunidad el Remanso.

El ruido de la rápida (voladora) no nos permitía hablar. Nos dedicamos estas dos horas a observar este paisaje y a mirarnos frecuentemente entre nosotros, agradeciendo por haber decidido conocer estos horizontes. Alrededor de las dos de la tarde se acercaba el momento en que el pudimos observar de manera clara los tres cerros que motivaron esta visita.

El primer día finalizó con la instalación en la comunidad el Remanso. Tras instalarnos, emprendimos una breve caminata que nos permitió conocer la flor de Inírida, la imagen emblemática de la COP16. La jornada concluyó con un refrescante baño en el río, desde donde pudimos observar las estrellas en la cumbre del cerro pajarito.

El siguiente día fue el más esperado del viaje. A las 5 de la mañana iniciamos el ascenso del cerro Mavicure para lograr ver el amanecer. Con la ayuda de cuerdas, escaleras estratégicamente ubicadas, y la motivación de nuestro guía, alcanzamos nuestra meta, siendo los primeros de esa jornada en poder contemplar la inmensidad de este paisaje. Ni una descripción, ni la cámara del mejor celular, le haría justicia a lo que veían nuestros ojos ni a las sensaciones de ese momento. 

Culminando el descenso inició un fuerte aguacero que, contra todo pronóstico, nos permitió observar múltiples hilos de agua que buscaban el río, una imagen que pocas veces se ve de este lugar.

Caño San Joaquín.

Luego de un esperado desayuno, nos embarcamos junto a Sergio y Evan, nuestros guías y acompañantes durante todo el viaje, hacia el caño San Joaquín. Tras esquivar el raudal del río Inírida, nos adentramos en el caño para sorprendernos con el peculiar color de sus aguas: una mezcla de amarillo y rojo oscuro. Sergio nos explicó que este fenómeno se debe al tanino, un componente que, junto con la vegetación y las piedras del lugar, genera esta particular tonalidad. Nos ubicamos en  una playa de arena blanca, donde nos detuvimos a nadar y a experimentar la mordida de los pescaditos.

Finalizamos la jornada con otro retador ascenso, esta vez a una de las colinas del cerro Pajarito para ver al sol ocultándose detrás de estas imponentes formaciones y apreciar el atardecer extendido a lo largo de la selva. 

El último día visitamos la comunidad de la Ceiba, donde los miembros de la Asociación de Meliponicultores de Guanía Asomegua nos compartieron sus saberes relacionados con el cultivo abejas meliponas y nos permitieron presenciar todo el proceso de apicultura local y eco responsable.

Campo de flores de Inírida cerca de la comunidad de Remanso.

Nos embarcamos por última vez con Sergio y Evan rumbo a Inírida, donde hicimos una parada técnica para tanquear. De ahí partimos a nuestra última actividad. Navegamos por un instante el río Inírida hasta observar un cambio en el color del agua y escuchar a nuestro guía darnos la bienvenida al río Guaviare. Este nos llevaría hacia Amanaven en el Vichada para degustar la gastronomía local en la frontera con Venezuela. 

De ahí partimos a la monumental Estrella Fluvial, donde confluyen los ríos Inírida, Guaviare y Atabapo con el río Orinoco. Nos ubicamos en un pequeño islote de piedra por un instante a admirar su grandeza y bajo la lluvia tomamos rumbo hacia Inírida. Nos despedimos de este viaje en las cálidas aguas del rio Atabapo con una enorme nostalgia porque el paseo llegó a su fin, pero con infinita gratitud por haber tenido la oportunidad de contemplar paisajes inimaginables y aprender acerca de diversas formas de experimentar la vida en comunidad y el cuidado de la naturaleza. 

*Este artículo surge de la colaboración entre la Fundación Llano Adentro y el periódico El Morichal.

Iván Katz Asprilla es Economista y Politólogo de la Universidad de los Andes y Especialista en Gobierno y Gestión Pública Territoriales de la Pontifica Universidad Javeriana.

Juliana Piña Martínez es Politóloga, Profesional en Gobierno y Asuntos Públicos y Magister en Construcción de Paz de la Universidad de los Andes.

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