Asoyumda: el tejido colectivo que rescata la memoria indígena en el Guainía

Foto: Hermes López junto a un grupo de turistas. Archivo personal. 

Por las orillas lentas del río Inírida, entre canoas que cortan el agua y el murmullo constante de la selva, Hermes Freddy López Cabría habla con la calma de quien sabe que la prisa no es aliada en estas tierras. Su voz arrastra palabras en puinave y castellano, como si fueran dos ríos que se encuentran.

“Soy puinave —dice—, aunque por mi padre tengo familia curripaco y por mi madre familia piapoco. Aquí, en nuestra comunidad, el 80% somos puinaves y el 20% curripacos. Pero yo me siento, sobre todo, hijo del pueblo puinave”.

Hermes no está solo. A su alrededor, en el municipio de Inírida, se ha tejido una comunidad de trabajo que lleva por nombre Asoyumda, formada por 12 mujeres y 10 hombres, entre ellos jóvenes de apenas 17 años y ancianos que todavía guardan las historias que el tiempo amenaza con borrar. El nombre no es casual: Yumda, en lengua puinave, significa “madre tierra” o “madre monte”, una deidad femenina que protege la naturaleza.

La asociación nació con una convicción: que el turismo puede ser más que una foto panorámica o un paseo breve. “El turismo que se ofrece suele ser de paisajismo —explica Hermes—: subir a los cerros de Mavicure, tomar la foto, contar un poco de historia. Pero nuestra historia como pueblos originarios queda floja, incompleta. Los visitantes nos preguntan cuál es el origen del pueblo puinave o curripaco, quiénes eran nuestros dioses, cómo vivían nuestros abuelos. Y esas respuestas no están en los folletos”.

Desde hace cuatro años, Asoyumda investiga, recopila y rescata relatos, leyendas y prácticas que forman la memoria cultural de su pueblo: un tejido de protección contra las deidades de la naturaleza; la historia del jaguar y la pusana; la de las mariposas azules y la del perezoso. Son relatos que antes se transmitían alrededor del fuego y que ahora, a través de caminatas guiadas y turismo comunitario, buscan llegar también a quienes llegan de lejos.

La misión no es volver al pasado ni disfrazarse de lo que ya no se usa. “No se trata de ponernos guayuco para los turistas —dice Hermes—, sino de recuperar el conocimiento, el tejido, la artesanía, y mostrar que nuestra historia viene de antes de la evangelización y la colonización. Cada pueblo tiene un comienzo, y el nuestro está en parte en los cerros del Mavicure y termina en las cuevas del Dios, donde todavía se ve el monumento que nos recuerda de dónde venimos”.

Asoyumda trabaja en tres frentes principales: el turismo cultural, la pesca tradicional y la transformación de frutos amazónicos. En cada uno late la misma idea: producir, conservar y transmitir.

En los mercados de las grandes ciudades, muchas frutas del Guainía son desconocidas. Aquí, algunas son alimento para peces o monos; otras se pudren en la selva cuando llega la temporada de lluvias. La asociación quiere cambiar eso. “Si probamos, si miramos con otros ojos, nos damos cuenta de que estas frutas tienen mucho para aportar —explica Hermes—, no solo a nuestra cocina sino también a la gastronomía de otros lugares. Queremos recogerlas, sembrarlas, cultivarlas y transformarlas en productos que puedan llegar más lejos”.

La pesca, en cambio, enfrenta un reto diferente. Durante años, las capturas masivas han reducido el tamaño y la cantidad de peces en los ríos y lagunas. Asoyumda propone una solución que combina conocimiento ancestral y técnicas modernas: jaulas flotantes para cultivar peces y repoblar los caños, las lagunas y el propio río Inírida. “Es nuestra manera de devolverle a la Madre Tierra un poco de lo que nos ha dado. Lo mínimo que podemos hacer es agradecerle con acciones”, dice Hermes.

En las caminatas que organizan, los guías no solo muestran el paisaje. Señalan plantas medicinales, cuentan cómo se prepara la caraña para impermeabilizar canoas o techos, explican los tejidos que protegen contra espíritus dañinos, narran los mitos que explican la llegada del jaguar o el vuelo de las mariposas azules. Los viajeros aprenden que en este territorio la naturaleza no es un escenario, sino un personaje vivo, con memoria y temperamento.

El valor de estar asociados se siente en cada paso. Compartir tareas permite que los jóvenes aprendan de los mayores, que las mujeres tengan un papel central en la gestión y que los proyectos no dependan de una sola persona. Las decisiones se toman en grupo, y cada éxito es de todos. “Cuando uno está solo, las ideas se apagan —dice Hermes—. En grupo, las ideas crecen como semillas que germinan en distintas direcciones”.

La tarea no ha sido fácil. La globalización, las misiones religiosas y la falta de políticas públicas han puesto en riesgo la transmisión de los saberes. Sin embargo, Hermes y los demás miembros de la asociación ven en el turismo comunitario una herramienta no solo económica, sino también cultural. “Si nosotros no contamos nuestra historia, otros la contarán por nosotros, y quizás la cambien. Queremos que las generaciones jóvenes crezcan escuchando lo que escuchamos de niños, y que los visitantes se lleven un pedazo verdadero de nuestra identidad”.

En las tardes, cuando el calor cede y el cielo se tiñe de naranja, Hermes sueña en voz alta con una Asoyumda más fuerte: con rutas turísticas que unan las comunidades, con centros de acopio para frutos amazónicos, con lagunas repobladas de peces, con jóvenes que aprendan de sus mayores y encuentren en su cultura no un recuerdo, sino una oportunidad de vida.

En el Guainía, donde la selva parece infinita y el río marca el ritmo de la vida, asociarse es mucho más que firmar un acta o reunirse en asamblea: es un acto de resistencia. Es decidir que la memoria no se negocia, que la cultura no se archiva y que el futuro se construye hombro a hombro. Asoyumda es la prueba de que, cuando las manos se entrelazan, la historia no solo se recuerda: se siembra.

2 thoughts on “Asoyumda: el tejido colectivo que rescata la memoria indígena en el Guainía”

  1. Una propuesta que favorece el acercamiento a la cultura a través de un turismo comunitario consciente de la importancia por reivindicar los conocimientos de origen y su interpretación como legado social.

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