[Opinión] Lectura en la Orinoquía y la Amazonía: donde las palabras aún buscan su lugar

Por: Milena Sepúlveda*
Imagen de portada: Ugur Peker en Unsplash

Entre ríos largos y caminos que no siempre se dejan recorrer, hay territorios donde abrir un libro es un acto casi valiente. En Vichada y Guainía, la lectura no fluye con la misma facilidad que el Orinoco; encuentra piedras, distancia y vacíos. Aun así, persiste y resiste. 

Allí, donde las comunidades son en su mayoría rurales e indígenas, el acceso a los libros no es usual. Los hábitos de lectura dejan entrever una realidad que se queda a medio revelar: en Guainía, el 20% de los estudiantes supera las dos horas semanales de lectura por gusto. La cifra, aunque por encima del promedio nacional del 13%, no alcanza a sostener una cultura lectora sólida. Leer, más que un hábito, parece una oportunidad esporádica.

Y aunque el panorama aprieta, hay focos que siguen en pie. Al menos cuatro bibliotecas se convierten en puntos de encuentro con la palabra: la Departamental de Vichada, la Princesa Inírida (que incluso ha sido reconocida a nivel nacional), y otras más pequeñas en lugares como Nueva Antioquia y Barrancominas. Algunas no tienen paredes fijas; viajan. Se mueven sabiendo que, en estos territorios, si el lector no llega al libro, el libro tiene que aprender el camino.

Pero los resultados siguen contando otra parte de la historia. Entre 2021 y 2023, los puntajes en lectura crítica en las pruebas Saber se han movido entre 250 y 263 en los mejores colegios de la región, aún por debajo del promedio nacional. En 2024, aunque el país registró un aumento global de 2.4 puntos en Saber 11°, Guainía y Vichada se mantuvieron en promedios cercanos a los 250. Un dato llama la atención: a nivel local, las brechas de género en desempeño tienden a cerrarse, en contraste con lo que ocurre en otras zonas del país. Sin embargo, los informes de 2025 confirman que las desigualdades territoriales siguen marcando la diferencia.

Los informes de 2025 lo confirman, la desigualdad no solo persiste, sino que sigue teniendo acento territorial.

Y es ahí donde el mapa se vuelve más complejo. Porque, aunque las condiciones de pobreza y ruralidad son profundas, Guainía y otros departamentos como Chocó destacan por algo que no siempre se mide con cifras: un mayor porcentaje de lectores impulsado por iniciativas locales, muchas de ellas nacidas desde las comunidades indígenas. En contraste, el Amazonas muestra un rezago relativo: aunque el 81.8% de su población ha leído en los últimos 12 meses, sigue por debajo del promedio nacional del 92.3%.

Chocó, por su parte, enfrenta otro desafío silencioso: la lectura en la primera infancia. Menos del 41% de los niños menores de cinco años disfrutan que les lean, lo que anticipa una cadena de dificultades que se arrastra con el tiempo.

Todos estos territorios comparten una misma barrera “el aislamiento”. Pero no todos responden igual. Mientras algunos han logrado encender procesos comunitarios que sostienen la lectura desde lo cercano, otros aún buscan cómo hacerlo posible.

Desde las instituciones, el esfuerzo empieza a tomar forma, aunque todavía no alcanza la dimensión que se necesita. El Plan Nacional de Lectura “Leer es mi cuento”, liderado por el Ministerio de Educación, ha centrado parte de su apuesta en estos territorios, con la formación de mediadores de lectura y la entrega de colecciones bibliográficas en zonas focalizadas como Vichada y Guainía. No se trata solo de llevar libros, sino de formar a quienes los convierten en experiencia, en diálogo y en posibilidad.

A nivel local, las estrategias se vuelven más creativas. Bibliotecas itinerantes como Mirolindo, en Guainía, recorren comunidades. También aparecen ludotecas móviles, espacios que mezclan juego y lectura para acercar a los más pequeños a las historias desde otro lenguaje. A esto se suman alianzas entre actores culturales, educativos y comunitarios que intentan sostener procesos en medio de la dispersión geográfica.

Desde otra orilla, la Biblioteca Nacional ha comenzado a fortalecer bibliotecas comunitarias en regiones priorizadas, reconociendo que muchas de las iniciativas más vivas no nacen desde grandes infraestructuras, sino desde liderazgos locales que entienden el territorio. Y en ese mismo camino, propuestas como PaLaBriAndo 2025 buscan algo más que encuentros, intentan tejer red entre bibliotecas de Guainía, Vichada, Guaviare y Meta, para que el esfuerzo no sea aislado, sino compartido.

Lo que hoy ocurre en Vichada y Guainía no es un fenómeno circunstancial, sino el reflejo de una deuda estructural: la dificultad de garantizar condiciones equitativas para el acceso al conocimiento en zonas donde la geografía impone límites y la institucionalidad aún llega de forma intermitente.

Los avances existen, pero también evidencian su propia fragilidad. Sin continuidad en las políticas, sin inversión sostenida en infraestructura y sin una apuesta decidida por formar lectores desde la primera infancia, cualquier mejora seguirá siendo parcial. Lo que está en juego no es únicamente cuántos libros llegan, sino qué tan posible es que esas palabras se conviertan en comprensión, pensamiento crítico y oportunidades reales.

*Comunicadora social, enamorada de la escritura y fascinada por el mundo de la radio. Ha encontrado en el periodismo digital e investigativo una forma de narrar con profundidad y propósito. Los libros y la música alimentan su creatividad y la impulsan a explorar nuevas formas de contar historias y comunicar mensajes con sentido.

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