ASOPROPVI: la fuerza colectiva que impulsa la producción en El Progreso, Vichada

En El Progreso, una vereda de la inspección de El Viento (Cumaribo, Vichada), donde la tierra es generosa pero los caminos son largos y polvorientos, la vida rural se mide en cosechas, lluvias y días soleados. Allí, entre cultivos de yuca, piña y plátano, gallinas que picotean en patios abiertos y colmenas que zumban bajo el sol, un grupo de familias decidió que el futuro no podía depender solo del esfuerzo individual.

Así nació la Asociación de Productores del Progreso Vichada (ASOPROPVI), hoy legalmente constituida, con Cámara de Comercio y registros al día en la DIAN. Está integrada por 15 familias que, juntas, producen desde pollos y cerdos hasta aceites artesanales, café, harinas y almidones.

La idea germinó hace tres años, a raíz de una capacitación en apicultura. “Nos pidieron armar la asociación para poder acceder a ciertos apoyos, y nos lanzamos a ese proceso —recuerda Amparo Corredor, la representante legal—. Tardamos dos años en poner todos los papeles en regla. Muchos compañeros se fueron retirando porque pensaban que no iba a funcionar, pero los que quedamos seguimos adelante”.

El esfuerzo valió la pena. Hoy, estar en regla les permite vender sus productos sin trabas legales y tocar puertas institucionales. “Uno solo puede producir, sí, pero cuando va a vender o a buscar apoyo, la historia cambia —explica—. Como asociación es más fácil que lo escuchen, que lo tengan en cuenta. La unión hace la fuerza y aquí lo hemos comprobado”.

ASOPROPVI es diversa. Entre sus miembros hay quienes crían gallinas felices y cerdos, quienes trabajan la piña o el maíz. También hay quienes han ido un paso más allá y han empezado a industrializar: harina de sagú, almidón, aceites de jengibre o romero, postres y comidas listas para vender. Esa variedad es uno de sus puntos fuertes.

El camino, sin embargo, no ha sido sencillo. La distancia con los centros urbanos, el mal estado de las vías y la falta de transporte dificultan llevar los productos a mercados más grandes. A eso se suma la dependencia de los recursos institucionales, que no siempre llegan. “El Ministerio de Agricultura tiene programas para asociaciones, pero muchas veces la ayuda no aterriza donde debería. A veces no sabemos qué pasa con esos recursos, pero pedimos que nos tengan más en cuenta. Es la visión del presidente: trabajar con las asociaciones, y nosotros estamos listos”, dice Amparo.

En estos tres años han recibido algunos apoyos. Uno, para apicultura, que reforzó sus primeros pasos; otro, del programa Mujer Rural, que quedó inconcluso tras un cambio de gobernador. Aun así, la asociación se ha mantenido activa, buscando alternativas.

La representante legal participa en dos grupos de comunicación directa con el Ministerio de Agricultura y la Secretaría de Desarrollo y Medio Ambiente de Puerto Carreño. Esa conexión, dice, es otro beneficio de estar asociados: la información llega, se comparte y se transforma en oportunidades. “Cuando uno está solo, no se entera de nada. En grupo, siempre hay alguien que lee, que pregunta, que avisa. Eso multiplica las posibilidades”.

En El Progreso, casi todas las familias cultivan y crían animales. Yesid Devia, por ejemplo, se dedica a la producción de cerdos y pollos de engorde; otra familia trabaja con gallinas campesinas; otras más producen piña o cultivan caña, que han descubierto como un suplemento alimenticio eficaz para engordar cerdos. Esa experimentación constante es parte del espíritu de ASOPROPVI: probar, ajustar, compartir resultados.

Los productos no se quedan en la producción primaria. Varias familias están transformando lo que cosechan: maíz en harina, yuca en almidón, jengibre en aceite, romero en extractos aromáticos. La meta es abrir mercados que valoren no solo el origen campesino, sino también el trabajo artesanal y la calidad de la producción local.

La vida asociativa también tiene un valor menos tangible, pero igual de importante: la motivación colectiva. En las reuniones, las familias comparten avances, frustraciones y aprendizajes. Se aconsejan sobre cómo sembrar, cómo tratar una plaga o cómo mejorar una receta. Es un espacio donde la competencia se diluye y el éxito de uno se siente como un logro de todos.

“Lo he dicho muchas veces —afirma Corredor—: es cien veces mejor estar asociado que trabajar solo. Hay más ideas, más manos, más respaldo. Y cuando vamos a pedir algo, nos escuchan. Si uno va solo a tocar puertas, muchas veces ni le abren. En grupo, las posibilidades cambian”.

El reto, ahora, es seguir creciendo. Sueñan con un espacio propio para acopiar y transformar productos, con maquinaria que les permita aumentar la producción y con alianzas que lleven sus aceites, harinas y cafés más allá de los límites de Vichada. También quieren retomar la apicultura, el proyecto que dio origen a la asociación, y que todavía despierta interés entre algunos miembros.

En El Progreso, el trabajo nunca falta. Al amanecer, los corrales se llenan de actividad; las huertas, de manos que arrancan y siembran; las cocinas, de olores dulces y picantes. En ese ir y venir, ASOPROPVI funciona como una red invisible que sostiene y multiplica los esfuerzos de cada familia.

En un territorio donde la distancia y el abandono estatal son parte de la cotidianidad, asociarse no es un lujo: es una estrategia de supervivencia. Es, como dicen ellos, la manera de que “las cosas se vean mejor” y de que las puertas, antes cerradas, empiecen a abrirse.

Porque en El Progreso, la tierra da mucho, pero es el trabajo colectivo el que hace que esa abundancia se convierta en futuro.

One thought on “ASOPROPVI: la fuerza colectiva que impulsa la producción en El Progreso, Vichada”

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *