Alcalde de Barrancominas denuncia riesgo inminente por erosión y exige atención urgente del Gobierno nacional
La erosión del río Guaviare amenaza, una vez más, con aislar a miles de personas en el municipio de Barrancominas, Guainía. Esta semana, el alcalde Héctor Orlando Pérez García denunció públicamente el peligro inminente que representa la socavación que se presenta en la punta de la pista de aterrizaje, una vía clave para la conectividad y el acceso a servicios esenciales para más de 3.900 familias de los resguardos Pueblo Nuevo y Colonia Colorado.
En un video publicado en redes sociales, el mandatario anunció el cierre de la vía por motivos de seguridad, al tiempo que hizo un llamado urgente al Gobierno nacional y departamental para que se intervenga la zona de manera inmediata. “Es una problemática que ya se venía presentando, por lo tanto, se le solicita que nuevamente nos brindan el apoyo necesario y para contrarrestar toda esta problemática que está presentando en nuestro municipio”, declaró Pérez.
El cierre de esta vía —que también cumple funciones como corredor escolar y ruta de evacuación médica— afecta directamente la movilidad de los estudiantes que cada mañana son transportados a sus instituciones, así como la operación de la única ambulancia terrestre disponible en la zona para atender emergencias en los resguardos indígenas.


Un problema estructural ignorado
La alerta lanzada por el alcalde revive un drama de vieja data. En 2016, EL MORICHAL ya advertía sobre la amenaza que representa la fuerza del río Guaviare, que desde hace más de una década se traga entre tres y cuatro metros de terreno cada invierno. La situación llegó al punto crítico en 2020, cuando la entonces alcaldesa Norela Rodríguez advirtió que Barrancominas, el municipio más joven de Colombia (creado en diciembre de 2019), podría desaparecer si no se tomaban medidas urgentes para contener la erosión.
La pista de aterrizaje, que funciona como principal vía de comunicación con el resto del país, está hoy separada por escasos tres metros del borde del barranco que avanza cada año. Ya en 2011 se habían invertido $9.000 millones en la construcción de espolones a través de la Corporación CDA con recursos de Colombia Humanitaria, hoy Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD). Sin embargo, esa infraestructura desapareció bajo las aguas en pocos años, sin dejar rastro.
