[Opinión] Luces de neón en la selva: el desacierto de invertir mil millones en decoración mientras Inírida clama por lo básico

Por: Cesar Mora*

El municipio de Inírida enfrenta paradojas que definen su realidad. Capital de un departamento enclavado en la Amazonía, su riqueza cultural y natural contrasta dramáticamente con carencias históricas en infraestructura básica: la falta de agua potable, un alcantarillado deficiente, y vías de comunicación (fluviales y aéreas) que operan con marcadas limitaciones. En este contexto de necesidades apremiantes, la decisión de destinar $966.708.116 a la instalación de postes con iluminación LED multicolor para el “fortalecimiento turístico y cultural” se presenta como un despropósito que merece un análisis detallado.

Lo primero que salta a la vista es la desconexión entre la inversión y las urgencias reales de la población. Destinar casi mil millones de pesos —de los cuales más de 916 millones son aporte municipal— a un proyecto de embellecimiento lumínico, mientras persisten problemas críticos de saneamiento básico y acceso al agua, evidencia una preocupante distorsión en la jerarquización del gasto público. No se trata de negar la importancia de la imagen urbana, sino de cuestionar si es razonable que, en un municipio con recursos escasos, la estética compita en igualdad de condiciones con la salud pública o la conectividad.

El argumento del “fortalecimiento turístico” tampoco resiste un análisis serio. El verdadero potencial turístico de Inírida reside en sus más de 16 pueblos indígenas, sus petroglifos, sus ríos, sus playas, los imponentes cerros de Mavicure y el corazón de la Estrella Fluvial del Sur (o del Inírida). Sin embargo, este potencial se ve estrangulado por la falta de infraestructura de acceso, la precariedad de los servicios para el visitante y la ausencia de centros de interpretación cultural que realmente pongan en valor el territorio. Iluminar el espacio urbano con luces multicolores no resuelve ninguno de estos cuellos de botella. Es un gesto cosmético que, en el mejor de los casos, maquilla la fachada mientras los cimientos del desarrollo turístico siguen sin construirse.

Foto: Facebook Alcaldía de Inírida.

A lo anterior se suma la opacidad en la ejecución. Si bien el convenio interadministrativo con EMELCE S.A. E.S.P. se ampara en la legalidad de la contratación directa entre entidades estatales, en un municipio con limitada capacidad de control ciudadano, esta figura genera dudas legítimas sobre la transparencia y la optimización de los recursos. La ausencia de una licitación pública impide comparar ofertas y asegurar que el costo del proyecto sea el más competitivo para el erario.

Finalmente, el proyecto adolece de una profunda falta de articulación con la identidad cultural que dice querer fortalecer. Inírida no es una ciudad genérica que requiera un toque de color para ser atractiva. Su identidad es mucho más compleja y valiosa. Reducir el “fortalecimiento cultural” a la instalación de postes LED es un empobrecimiento simbólico y una oportunidad perdida para financiar iniciativas que realmente protejan el patrimonio, apoyen a las comunidades indígenas o dinamicen la economía local de manera sostenible.

Invertir casi mil millones de pesos en ornamentación lumínica mientras se postergan inversiones urgentes en infraestructura básica no es solo un error de planificación. Es una decisión que refleja una visión cortoplacista y desconectada de las necesidades reales de la población. En un territorio de escasos recursos, la administración pública no puede darse el lujo de priorizar la estética sobre la sustancia, especialmente cuando esa estética no está claramente vinculada a un plan integral de desarrollo ni a la voz de las comunidades locales. Lo que Inírida necesita no son luces de neón, sino agua potable, conectividad y un modelo de turismo que ponga en valor, de verdad, su alma ancestral y su riqueza natural.

Agregado: Los resultados electorales en Guainía dejaron dos lecturas claras. La primera es la consolidación de la maquinaria de «la Mona y Morocho», quienes emergen como la nueva fuerza dominante en la región. La segunda es el declive del representante condenado en primera instancia por comprar votos a cambio de cemento y tejas de zinc. Aunque logró reelegirse, la aritmética electoral evidencia que su otrora poderosa influencia se ha erosionado. Por su parte, “el Pollo”, ni siquiera lanzando a su hermano al ruedo pudo recuperar el vigor de antaño. El mensaje de las urnas es claro: el electorado guainiano no olvida ni perdona la mancha de la corrupción. En medio de este reacomodo de fuerzas tradicionales, el Pacto Histórico juega su propio partido. A pesar de sus divisiones internas, emerge como una fuerza en consolidación que suma un buen número de votos tanto para Senado como para Cámara.

*Cesar Mora es Sociólogo egresado de la Universidad de Caldas, Especialista en Gerencia de Proyectos por la Corporación Universitaria Minuto de Dios y actualmente cursa la Maestría en Métodos y Técnicas de Investigación Social Aplicada en la Universidad Internacional de la Rioja. Su trayectoria profesional se orienta hacia la investigación social aplicada, la formulación y ejecución de proyectos de intervención con comunidades indígenas amazónicas, y la formulación e implementación de políticas públicas con enfoque diferencial.

One thought on “[Opinión] Luces de neón en la selva: el desacierto de invertir mil millones en decoración mientras Inírida clama por lo básico”

  1. Excelente injerencia para un territorio colombiano olvidado por el estado, manipulado por conveniencias y poderes.

    Guainía también es Colombia. No solo para reportajes de RCN y CARACOL mostrando la majestuosidad del relieve y la geografía y sus bondades turísticas.

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