Entre croquetas, heridas y ladridos: la mujer que ha salvado cientos de animales en Inírida
En una pequeña parcela de tierra cercada con esfuerzo y alambre, entre el calor del Guainía y los zancudos del amanecer, habita una comunidad que pocos reconocen pero muchos han abandonado: cerca de 200 perros y más de 60 gatos. Todos bajo el cuidado de una sola mujer.
Dianey Tavera Montoya, docente de planta en el colegio La Primavera de Inírida y fundadora de la Fundación Compañeros de Planeta, no recuerda en qué momento su casa se transformó en un refugio, pero sí sabe que desde 2014 su vida ya no es la misma. Empezó escondiendo perros en la casa que arrendaba en El Coco, porque el dueño no los quería ver. Desde entonces, la lucha por proteger a los animales abandonados en Inírida se convirtió en su misión vital.
“El día que traje siete perros a escondidas supe que ya no había vuelta atrás”, dice Dianey. Su primer refugio estuvo en El Poblado. Luego, con la pandemia, llegaron más animales, más enfermos, más casos urgentes. En 2021 ya eran 65 perros y 32 gatos compartiendo un espacio de 10 por 20 metros. “Era absurdo, pero no podía dejarlos en la calle”, recuerda.


La situación era insostenible. Conseguir comida, medicinas, atención veterinaria, todo dependía de rifas, padrinos solidarios, donaciones ocasionales y la voluntad férrea de una mujer que ha visto morir, parir y sanar a cientos de animales. La ayuda de sus esposo ha sido vital en este trasegar.
En 2022, gracias al préstamo de un camión por parte de la Gobernación, se trasladaron a un lote más amplio en Tierra Alta. Allí, la Fundación pudo dividir el cuidado: los casos más críticos permanecen en El Poblado, una especie de unidad de cuidados intensivos animal, mientras que los que logran recuperarse pasan al nuevo espacio, más apartado de la ciudad. A pesar de eso, la carga emocional, física y económica sigue superando lo humano.

“No sé cómo no nos hemos enloquecido”, confiesa. “Los niños nos traen gatos que las mamás les piden botar. Aquí la educación sobre el trato animal es casi inexistente”.
Pero no están solos.
En paralelo, otra fundación —El Arca de Noé— también lucha contra el abandono y el desinterés institucional. Ambas organizaciones, con sus limitaciones, han atendido al menos 250 animales entre 2022 y 2024. La cifra de perros y gatos en situación de calle en Inírida se estima en 800.
Este esfuerzo silencioso, sin embargo, recibió recientemente un impulso inesperado: una sentencia judicial.
El pasado 10 de junio de 2025, el Juzgado Sexto Administrativo del Circuito de Villavicencio falló a favor de una Acción Popular presentada por el senador Fabián Díaz Plata y otros ciudadanos, en la que se reconoció que el Municipio de Inírida vulneró los derechos colectivos al no garantizar la protección de los animales callejeros. En consecuencia, se ordenó al municipio implementar de manera urgente un programa de bienestar animal y construir un centro de atención para animales domésticos abandonados, con recursos del Sistema General de Regalías.


Entre las medidas ordenadas se incluyen campañas educativas, jornadas de vacunación, esterilización, promoción de adopciones y un servicio de albergue permanente a partir de 2026. Además, se deberá conformar un comité de verificación que involucre a las fundaciones locales.
Para Dianey, el fallo judicial representa una esperanza, pero también una advertencia. “Una cosa es construir un coso municipal y otra muy distinta es crear un verdadero espacio de bienestar. Vamos a seguir luchando por eso”, dice.
La sentencia llega después de años de insistencias, tutelas burladas y derechos de petición ignorados. “No podemos seguir con la indiferencia institucional. Los animales no tienen voz, pero sí derecho a vivir dignamente”, afirma Tavera.
Mientras el plan judicial avanza en papeles, en Tierra Alta se sigue recogiendo sobras, transportando perros enfermos en motocarros y rogando por un bulto más de croquetas. Lo urgente no puede esperar.


