Un bocado con sabor a Vichada
En un territorio tan lejano del interior del país y sin una identidad bien posicionada es necesario innovar para atraer turismo. Un turismo que se obsesione con la fauna y sus imponentes paisajes. Esto mueve el comercio local, que día a día se esfuerza por resurgir innovando, entregando productos artesanales con el potencial internacional para que sea probado por todo el mundo. Este es un pequeño recuento de cinco emprendimientos de Puerto Carreño que surgieron con el fin darle sabor a la tierra de hombres, para hombres sin tierra.
Por Daniela Parra
La creatividad y la necesidad de innovar han llevado a los habitantes de Vichada a desarrollar una capacidad excepcional para convertir sus recursos en productos atractivos. Estos emprendimientos, que surgieron en las cocinas de sus hogares, nacen de la imaginación y el ingenio de aprovechar al máximo los alimentos locales, con la firme convicción de que es posible lograr grandes cosas.
En Puerto Carreño, específicamente, existen cultivos propios de la región que, aunque son poco explorados más allá de su consumo directo, ofrecen un gran potencial. Estas iniciativas no solo promueven la biodiversidad local, sino que también atraen a visitantes interesados en la riqueza natural de la región.
Puerto Carreño está transformando sus recursos en oportunidades mediante el ingenio local y la innovación sostenible. Esto no solo fortalece su identidad regional, sino que también abre puertas para el desarrollo económico y social a largo plazo.
Marañón, insignia local
Los cultivos de marañón han ganado importancia en la región, con un área sembrada cercana a las 2.495 hectáreas, registradas hasta el 2020. Actualmente, Puerto Carreño es conocido por tener el mayor cultivo de marañón del país y ha invertido en infraestructura de procesamiento para aumentar su producción y exportación.
Así inician doña Sandra y don Gustavo, quienes llegaron a tierras carreñenses en el año 2000, después de dedicar 14 años a investigar los clones del arbusto de marañón en Carimagua. Ellos vieron en Puerto Carreño potencial para implementar este injerto; y nació Marallanos, una microempresa que se ha posicionado por más de 23 años en el mercado local y que genera más de 20 empleos directos en el municipio.

Marallanos inicialmente se dedicaba a ofrecer la nuez de marañón, un producto que fuera de Colombia es muy reconocido, y de alto valor económico. Sin embargo, en el departamento de Vichada no se consumía, por eso, primero tuvieron que realizar un proceso de aprendizaje con los pobladores, explicando los beneficios de un fruto que es muy fácil de cultivar en la región.
“La idea de crear varios productos a base del marañón surge cuando se tiene un único producto que se debe salir de él, así empezamos experimentando con el marañón dulce y variaciones saladas, además de usar el pseudofruto para hacer dulces y el jarabe. Hoy contamos con más o menos unos 20 productos derivados del marañón”, explica Sandra mientras atiende un grupo de seis turistas que están de paso por Puerto Carreño.
Marañón en todas sus presentaciones: personal o paquete de kilo; crema y turrones de marañón; paletas de marañón con o sin cubierta de chocolate; extracto del pseudofruto; leche de marañón; tortas de marañón y otros más que se escaparán de la lista. Esos son algunos de los productos que ofrece Marallanos en su local comercial, un espacio dentro de la casa de sus propietarios, en el barrio la Florida.
Se ha vuelto tan popular Marallanos que, algunas personas le han dicho a Sandra que, en una tienda de productos colombianos ubicada en Estados Unidos han visto sus productos, sobre todo el jarabe que, por sus propiedades, es usado como medicina.


Como Marallanos existen varios negocios locales que se han dedicado al procesamiento del marañón y convertirlo en un producto atractivo y característico de la región, puesto que se cuenta con un marañón que llega a competir con los mejores mercados a nivel mundial como lo es Brasil y la India. Tanto, que en algunos restaurantes hay preparaciones que lo incluyen en pastas, carnes, ensaladas, entre otros.
Mañoco, más que un alimento indígena
En los últimos meses se ha popularizado la fariña, un alimento indígena que fue la base de la alimentación de los niños perdidos en la selva Amazónica colombiana, un evento que estremeció al mundo entero en el 2023, por el siniestro aéreo que desencadenó en cuatro hermanitos solos en medio de la selva sin comunicación alguna, con un total de 40 días de búsqueda hasta encontrarlos con vida, suceso que hoy se encuentra en las pantallas de Netflix.
La fariña, más conocido como el mañoco en esta zona del país, es un alimento que sale de la yuca brava o silvestre, después de un largo proceso de elaboración totalmente artesanal que ha pasado de generación en generación, a través del cual se obtiene una especie de harina granulada.
El mañoco es tan viejo como la panela. Desde que se tiene memoria, hace parte de la dieta de los vichadenses. Su forma tradicional de consumo es agua. Sin embargo, han ido apareciendo diversas formas de preparación, utilizándose en ensaladas, salsas y productos de panadería.

Cristóbal Barón es un guardia de seguridad en el aeropuerto de Puerto Carreño que en sus ratos libres se dedica a la panadería. Hace un año se inscribió en el SENA para obtener el certificado como panadero. Allí descubrió el pan de mañoco, una mezcla entre los amasijos y el alimento ancestral de los indígenas de la Amazorinoquia. Lo curioso es que, por cuestiones de la vida, Cristóbal perdió esa clase. Aun así, entendió que, si con el mañoco se podía hacer pan, también se podrían elaborar otros derivados: nacieron las galletas de mañoco. Tienen una textura polvorosa y el sabor dulce mezclado con los pequeños gránulos de mañoco.
Ya son 8 meses que lleva elaborándolas y vendiéndolas en Puerto Carreño, razón que lo ha dado a conocer aún más en el sector turístico, puesto que los visitantes son los más interesados por adquirir un producto representativo de la región.


Y así, nace ‘las delicias de mi tierra’ un emprendimiento que le ha dado la oportunidad a Cristóbal de expandir la variedad de panes y galletas que ofrece, pero esta vez enfocado en dar a conocer productos propios de la creatividad de los vichadenses o como él, un vichadense de corazón con los más de 45 años de haber llegado a esta tierra.
Este producto novedoso ha tenido la dicha de llegar a España, Suecia, Estados Unidos y Francia, por lo que recuerda y sabe este panadero, esto como parte de los suvenires adquiridos en estás lejanas tierras, además de los locales que han llevado a varias zonas del país estas galleticas que cuentan con dos presentaciones: minichips y tamaño normal.
La que sí asistió a la clase de pan de mañoco fue Omaira López, que desde ese día quedó enamorada del producto, al punto de iniciar su emprendimiento, un poco igual, pero con la receta original que le enseñaron en el SENA.
Empezó en su casa, ofreciéndole a familiares, amigos, conocidos que le dieron el visto bueno. Al notar la buena aceptación, además de que empezaron a pedirle encargos del producto, empieza a elaborarlos de manera constante y como parte de sus labores diarias para la venta y sustento.
El pan de mañoco no es un pan en forma de pan. No. Es como una achira, pero con sabor a yuca, que pueden venir rellenas de bocadillo o queso.

Ya han pasado 9 meses desde que Omaira empezó en forma a ofrecer las bolsitas de pan de mañoco, convirtiéndose en un snack para tardear o un buen regalo para recordar desde las papilas gustativas a esta tierra.
Ha contado con la fortuna de que son los mismos conocidos quienes ofrecen su producto y lo recomiendan, sin mencionar a los turistas y visitantes que hacen sus encargos para llevar al interior del país.
Con el mañoco también se pueden elaborar helados, fermentados y una amplia gama de productos con una base propia de nuestros indígenas, con un plus, la innovación. Son artículos que aún no se han explotado comercialmente en otras zonas del país, ni se ha oído hablar de ellos en Venezuela o Brasil, países donde el mañoco es muy popular.
Vinos que no saben a uva
La pandemia por el COVID-19 fue el punto de quiebre de muchas empresas, sin embargo, fue el primer paso para que varias personas lo tomarán como impulso para crear su idea de negocio.
Don José Trujillo, junto a su esposa Navidad, son dos adultos mayores que residen hace algunos años en Puerto Carreño. Viven solos. Y fueron de esas personas que una pandemia no solo los cogió por sorpresa, sino que les mostró la necesidad, aunque en las palabras de don José se oye mejor, “no todo lo de la pandemia fue malo, a muchos nos puso a innovar”.

Utilizando su amplio conocimiento y ante todo el ingenio, don José inició como un experimento al tratar de crear vinos, pero no vinos con frutas de mercado, sino que le compraba frutos de la selva a los indígenas para ver qué era lo que salía. Poco a poco se fue dando a conocer, las personas oían que una pareja de señores en una pequeña granja elaboraba vinos muy ricos.
Muchos compraban para llevar y pasar el confinamiento con una buena copa, otros simplemente disfrutaban de la compañía de esta pareja y se quedaban horas hasta que salían viendo doble.
“Tenemos una riqueza enorme en la Orinoquía, todo está por hacerse”, dice don José, quien está más convencido que nunca de que Dios lo puso en Puerto Carreño para desarrollar un producto innovador que hoy lleva por nombre “Reserva del Vichada”. Son más de cuatro años vendiendo vinos que se han popularizado no solo entre los locales, sino, también con turistas y visitantes que a pesar de las veces que han tenido que mudarse, allá les llegan.
Los frutos de la selva con lo que se elaboran los vinos de Reserva del Vichada son la manaca, el moriche, el seje, el marañón, el copoazú, el cacao, entre muchos más, alimentos que solo eran consumidos por los indígenas en cosecha, pero jamás explotados en este territorio.
Quien los prueba, los recomienda y lleva un par de botellas consigo; para quien las recibe, podría ser el mejor obsequio. No se imaginan la explosión de sabores en una copa que puede ser de vino tinto, vino blanco o rose.
Don José se la jugó con todo y se dedica de tiempo completo a elaborar y ofrecer sus vinos, con una cata para antojar a los que llegan hasta su nuevo hogar en la urbanización El Retiro, a las afueras de Puerto Carreño. Doña Navidad elabora dulce de marañón, mango o el fruto de temporada.
Pero ellos no fueron los únicos a quienes el 2020 motivó a emprender. Carolina Torres es psicóloga de profesión, sus padres tienen una finca en la inspección de La Esmeralda y comenzaron a cultivar frutas, especias, plantas, todo lo que la tierra podía ofrecer.
Al ver que todo lo que procesaba se convertía en comercio, tomaron la decisión de formalizarlo y es lo que hoy se conoce como “Productos El Ocarro”. En un pequeño local dentro de su casa tiene un par de vitrinas, estantes y equipos de elaboración que se encargan de ofrecer la variedad de productos, no solo comestibles, que hoy ya cuenta en su catálogo.
Vinos artesanales, miel, vinagres, especias, aromáticas, jabones, conservas, helados, entre muchos más productos son los que en cuatro, casi cinco años de trabajo han logrado con esta familia apasionada por el campo.

Carolina es la encargada del sector comercial del negocio familiar, además de que le encanta inventar a ver qué nuevo producto puede sacar. Hay productos que se cultivan y procesan en la finca para finalmente empacarlos como son las especias 100% orgánicas y libres de pesticidas; entre los más populares la cúrcuma, el achiote y el café de brusca, que todos tiene propiedades medicinales.
También fabrica vinagres, pero no el típico vinagre blanco o el popular de manzana, son vinagres de frutas cultivadas por ellos como el limón, marañón o de sábila, entre otras variedades que dependen de la época y la cosecha.
Al ser productos sin aditivos, preservantes, ni químicos alguno, se categorizan como sanos para el uso personal, como por ejemplo los jabones artesanales con especias o alimentos como cúrcuma, arroz, sábila, coco, miel. Otro de sus productos estrella son las aromáticas, que para época de COVID-19 fueron muy apetecidas, ofreciendo moringa, limonaria, toronjil y albahaca.
También convierten los frutos de la finca en vinos artesanales, tortas y helados. Ofrecen vino de sábila, hidromiel, flor de Jamaica, de carambolo, manaca, maracuyá, piña y marañón, con un proceso artesanal, pero bajo todas las medidas salubres. Lo mismo ocurre con las tortas: de manaca, vino, merecure; y helados de moriche, manaca, copoazú, mango y las frutas del “monte” .
Hace años estas frutas, para muchos, desconocidas, eran desechadas porque el mercado jamás no las ha mostrado, sin prever los millones de beneficios a la salud, lo versátiles y deliciosas que pueden llegar a ser. Por ejemplo, ya se comprobó que el moriche es un fruto que posee microestrógenos que ayudan en la salud de las mujeres, pero solo era usada como alimento para animales.
La finca El Ocarro hace parte de una Reserva Natural de la Sociedad Civil -RNSC- donde parte de las ganancias de la venta de los productos, es destinada a apoyar la conservación del corredor de la danta dentro de la Reserva. Ha tomado tanta fuerza este corredor, que se ha convertido en uno de los puntos de venta de turistas que deseen llevar un cuerpo orgánico o locales que quieran regalar algo hecho de las manos trabajadoras en el Vichada. En Dubai y Holanda, han probado sus deliciosos vino y sin registro de hasta dónde ha podido llegar el emprendimiento de los Torres.
Todo este trabajo artesanal local es más valorado por el visitante, puesto que su producción hace que el valor no siempre sea atractivo o asequible para el consumidor local, pero están hechos con la garantía 100% orgánico.
Las vitrinas agroempresariales y los mercados campesinos han sido buenos escenarios para los emprendedores, primero como entrada comercial, pero como común denominador todos alegan que faltan más apoyo estatal con el fin de dar a conocerse fuera del territorio local, conseguir los registros sanitarios e impulsar productos que resaltan la identidad vichadense, dándole renombre a un departamento aún no grita con fuerza.
