Sandra Restrepo: La mujer que soñó con una escuela y transformó La Primavera
Por Diana Chaparro – Docente de la I.E Francisco de Paula Santander
Recordar es revivir momentos significativos, y para la señora Sandra Restrepo, su llegada a La Primavera en junio de 1986 marcó el inicio de una historia de lucha y compromiso con la educación. Acompañando a su esposo, quien fue trasladado como gerente de la Caja Agraria, Sandra llegó con sus tres pequeñas hijas y de inmediato se involucró en la comunidad educativa.
El destino le tenía preparada una grata sorpresa cuando, al inscribir a sus hijas en la escuela del Colegio Santander, se reencontró con Sol Mérida, su antigua profesora de primaria en San José del Guaviare. Este emotivo encuentro la llevó a asumir la presidencia de la Asociación de Padres de Familia, iniciando así un arduo trabajo en favor de la educación en la región.
Enfrentándose a problemas como la falta de docentes, el cierre del internado y la precariedad de las instalaciones, Sandra Restrepo lideró la primera marcha cívica por la educación en La Primavera. Durante tres días, junto a la comunidad, exigió la presencia de las autoridades y logró presentar un pliego de peticiones para mejorar las condiciones escolares. Su incansable gestión incluyó comunicaciones con el Ministerio de Educación y otros organismos, logrando la asignación de nuevos docentes y la reapertura del internado.

Pero su compromiso no se detuvo ahí. En una de sus caminatas por la zona, identificó un terreno en desuso y, con la convicción de que era posible construir un nuevo colegio, gestionó la donación del lote. Con una determinación inquebrantable, asumió la responsabilidad de conseguir los recursos necesarios para hacer realidad su sueño de brindar mejores oportunidades educativas a los niños y jóvenes de La Primavera.
Esta historia es testimonio de la importancia del liderazgo, la perseverancia y el amor por la educación, valores que han marcado la vida de Sandra Restrepo y han dejado una huella imborrable en su comunidad.
Historia del monumento y la educación en La Primavera
La historia del monumento a Santander en La Primavera, Vichada, es un testimonio del esfuerzo y compromiso de una comunidad por mejorar la educación en la región. Todo comenzó con el traslado del busto desde Bogotá hasta La Primavera, un viaje de 24 horas atravesando el Meta y la llanura. A su llegada, con la colaboración de Memo, el celador del colegio, y otros miembros de la comunidad, se llevó hasta la institución educativa en una carretilla.
El monumento fue posible gracias al esfuerzo colectivo de los padres de familia, entre ellos don Ciervo y doña Edilma Granados, y la dedicación de quienes aportaron su mano de obra, como Abacú, el profesor Guarín y Marco Tulio. Con recursos obtenidos mediante rifas y bazares organizados por la Asociación de Padres, lograron financiar la construcción. Aunque en la placa del monumento aparecen nombres de funcionarios como el comisario y el doctor Robledo, su inclusión fue más un reconocimiento a las gestiones realizadas durante un paro cívico que resultó en la asignación de nuevos docentes y la reapertura del internado.

Más allá del monumento, este relato refleja una lucha constante por la educación en la región. A pesar de las críticas iniciales, la comunidad logró la adquisición de un lote para un nuevo colegio, aunque algunos, como el profesor Fabio Castro, consideraban absurda la idea de construir en un terreno que antes había sido un matadero. Sin embargo, el tiempo demostró que la visión era acertada: el pueblo creció en esa dirección y la institución educativa se convirtió en un pilar fundamental.
El testimonio de Sandra Restrepo sobre este proceso es invaluable: “Desde Bogotá lo transporté en la Macarena hasta La Primavera, Vichada. Fueron 24 horas de viaje con Santander atravesando el Meta y la llanura. Y allá en una carretilla con Memo, que era el celador del colegio, el propio Abacú, me lo ayudaron a recibir y lo llevamos al colegio”.
La comunidad trabajó con esfuerzo para hacer realidad esta obra: “Ese monumento se hizo con ayudas de padres de familia, entre esos don Ciervo y doña Edilma Granados, que nos colaboraron. Nosotros conseguimos, pusimos la mano de obra, el propio Abacú, el profesor Guarín, Memo, que era el celador, Marco Tulio, que trabajaba como celador de servicios generales en el colegio. Y con recursos de la asociación que hacíamos de rifas, de bazares, pues nosotros hicimos la obra”.
Su gestión también se enfocó en conseguir los docentes necesarios: “Habíamos logrado que se nos nombraran los profesores de inglés, de español, de química, física, como cinco docentes que nos faltaban en el bachillerato y en primaria, que faltaban dos profesores. Que logramos también tener un director de internos y una directora de internas, reabrir el internado”.
A pesar de las críticas sobre la ubicación del nuevo colegio, Sandra Restrepo defendió su visión con convicción: “La gente me criticó fuertemente, entre esos el profesor Fabio Castro, que decía, pues Sandra está loca, ¿cómo va a construir? Consiguió un matadero viejo, un lote viejo, por allá al pie del trompillo, que eso por allá se inunda y todo. Pero yo le contesté en una reunión de padres de familia: ‘Profesor Fabio, ¿para dónde crece el pueblo? ¿Crece para la laguna y el río? ¿O crece para el trompillo, el jardín y sigue su curso?’. Entonces, muy jocosamente, quedó esa anécdota de que yo estaba loca. Pero el mundo es de los locos, quien no se atreve a soñar y a visionar en grande, pues nunca saldrá de ahí”.

Gracias a esta perseverancia, la institución se convirtió en un centro de formación académica y cultural: “El colegio fue parte de grandes procesos en la cultura, de ahí sacamos nuestros primeros artistas, como Taparito, uno de los grandes artistas de la región. También salieron muchísimos cantantes, arpistas, cuatristas, maraqueros. Se convirtió en una cuna del arte y el folclor”.
Bajo la dirección del profesor Rafael Ballesteros, se fomentó la danza, la música y el folclore, permitiendo la participación en festivales regionales e internacionales. “Con él montamos la Casa de la Cultura, y ahí en el comedor del antiguo colegio también tuvimos profesora de danzas. En las noches veíamos a los chicos conociendo las culturas, danzas y tradiciones de diferentes países y regiones”.
Hoy, el legado de esta lucha se refleja en los logros de sus egresados, muchos de los cuales han alcanzado posiciones destacadas en la política y la sociedad. “Tenemos representantes a la Cámara, exalcaldes, diputados, concejales, secretarios de despacho. Pedro Pablo, que fue cónsul; Marco Rodríguez, un gran compositor. Muchos de nuestros egresados han logrado trascender”.
La historia de Sandra Restrepo y la comunidad de La Primavera demuestra que la educación es la base del progreso y la mayor herencia que una comunidad puede dejar a sus futuras generaciones. Su esfuerzo, compromiso y liderazgo han dejado una huella imborrable que sigue transformando vidas.

Gracias por su gestión abriste paso a oportunidad de visión y desarrollo a la Región, los Docentes del concurso de meritocracia, llegamos a un paraíso y tu fuiste fundamental.