Los Cerros de Mavecure en los diarios del mundo

“Tan impresionantes como Machu Picchu pero mucho menos famosas, las colinas de Mavecure se encuentran en lo profundo de la jungla colombiana”, así describió el periodista Juan Otis a los Cerros de Mavecure, en un artículo publicado el pasado 3 de febrero en The Wall Street Journal, un periódico internacional estadounidense.

Otis, corresponsal de ese medio en Colombia, que se enteró del paraíso natural gracias a la película del ‘Abrazo de la serpiente’, viajó hasta la selva de Guainía para conocer los Cerros, y aseguró que “pueden parecer tan majestuosos como Machu Picchu. Pero a diferencia de las multitudes que trepan por esa ciudadela inca en los Andes peruanos, no muchos turistas llegan a Mavecure”.

El artículo destaca que, “el interés en Mavecure comenzó a aumentar en 2016 cuando el gobierno colombiano firmó un tratado de paz que desarmó a las guerrillas y abrió vastas franjas del campo al turismo. Otro impulso llegó ese mismo año cuando la película colombiana “El abrazo de la serpiente” fue nominada a un Premio de la Academia. Bellamente filmada en blanco y negro, la película cuenta la historia de un chamán indígena que guía a dos científicos a través de la selva tropical en una búsqueda para curarlos con una planta alucinógena sagrada que se encuentra encima de Mavecure”.

Otis viajó con dos personas más y en su artículo detalló los pormenores de los cuatro días de estadía en el Departamento de Guainía. “Nuestro vuelo había llegado tarde y el sol se estaba poniendo, así que en lugar de continuar hacia Mavecure, nuestro guía desembarcó en la aldea de La Ceiba, que es el hogar de 34 familias Puinave y Curipaco. Nos llevaron a cenar a un espacioso comedor/sala de reuniones improvisada bajo un techo de paja y nos presentaron al líder de la aldea, Fabio Pérez. Mientras todos comíamos pescado frito, plátanos verdes y piña fresca, nos dijo que, durante siglos, Puinave y Curipaco habían resistido la invasión de forasteros, incluidos los caucheros que buscaban esclavizarlos y los misioneros que intentaban eliminar sus creencias religiosas”, relató Otis en el diario neoyorquino.

En su viaje, el periodista tuvo contacto con los delfines rosados. “Juguetones como cachorros, montan un espectáculo saltando sobre la superficie y siguiendo nuestra canoa”, describió el extranjero.

Como era de esperarse, lo que más impresionó al reportero fueron los Cerros: “Dos de los cerros, conocidos como «Monkey» (Mono) y «Little Bird» (Pajarito), requieren equipo especial para escalar. Así que temprano a la mañana siguiente, nuestro guía nos llevó al risco más pequeño, llamado simplemente «Mavecure», una referencia a las cerbatanas con dardos venenosos que usan los cazadores para matar animales. Cualquier persona razonablemente en forma puede manejarlo. Nos acompañaba una docena de turistas colombianos de todos los tamaños. Las secciones más difíciles están equipadas con cuerdas guía y escaleras de madera, y hay muchos lugares para detenerse, descansar y disfrutar de las vistas de 360 ​​grados de la selva tanto en Colombia como en la cercana Venezuela”, describió en su publicación.

Su relató concluyó así: “Un impresionante amanecer anaranjado fue nuestra recompensa por comenzar temprano. Cuando llegamos a la cima, las nubes que oscurecían los picos de las otras dos montañas pronto se disiparon y la vista de sus enormes cúpulas cautivó a todo nuestro grupo. Jennifer, mi compañera de Minnesota, levantó los brazos en señal de triunfo. Otro miembro de nuestro grupo, la trabajadora social de Bogotá Cristina Mora, declaró: “Este país está lleno de sorpresas. Los colombianos tenemos que conocerlo mejor”. Mientras reflexionaba sobre sus maravillas (selvas montañosas, ríos llenos de delfines, plantas curativas sagradas y manchas de lágrimas mitológicas), pensé para mis adentros: nosotros, los estadounidenses, también”.

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