El poder de las pequeñas cosas

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Por: Yidis Gahona Rodríguez

¿Quién siendo vichadense no se alegra cuando suena el arpa, el cuatro y las maracas de una buena tonada llanera?, ¿quién no trae a su memoria aquellos lugares tan nombrados en las canciones de Juan Farfán, Walter Silva o Villamil Torres?, ¿quién no se llena de energía al ver bailar un buen joropo? ¿Y quién, al degustar un agradable mañoco, no se acuerda de nuestros pueblos indígenas?

Estas son algunas de las cosas por las que nos sentimos orgullosos de nuestra tierra, esa que aunque debe batallar con un buen número de problemáticas sociales, tiene una riqueza que hemos normalizado cotidianamente, lo cual nos lleva a omitir el hecho de que el Vichada tiene elementos de gran impacto nacional, como sus tres grandes ríos (Orinoco, Meta y Bita (este último declarado como un sitio para la conservación ambiental internacional RAMSAR), el majestuoso Cerro de la Bandera, el puente de Paso Ganado, el Parque Nacional El Tuparro, la Selva de Matavén, y la tradición llanera, que camina al lado de la cultura indígena binacional, hermanándonos con otros departamentos del país y con Venezuela. 

Si bien este es nuestro patrimonio, ¿realmente lo queremos? No es un interrogante para respondernos a la ligera, pues implica una toma de conciencia de lo que hacemos por él en el día a día. Cualquiera que sea el contexto en el que habitemos -la cuadra del barrio, la finca, la vereda, el resguardo o el municipio – o el rol que desempeñemos, podemos demostrar que nos importa y que estamos dispuestos a contribuir con nuestro granito de arena en la construcción de un mejor futuro para este. 

Aun cuando una de las decisiones a las que se ven enfrentadas las personas en nuestro departamento es la de marcharse y buscar oportunidades para su crecimiento en otras ciudades, siempre habrá una forma de aportar en el desarrollo de su tierra, porque tal y como lo han mencionado grandes personajes de la historia, “se puede arrancar al hombre de su pueblo, pero no al pueblo del corazón del hombre”. 

La anterior es la razón por la que siempre he hecho un llamado a que todo vichadense, localizado en cualquier parte del mundo, se sume a otros y se anime a hacer cosas sencillas que, de a poco, nos hagan amar más este lugar en el que crecimos. Sé que son necesarias grandes transformaciones en el plano económico, por qué no, avanzar en la consolidación del sector agroindustrial y del turismo del Vichada, así como urgen modificaciones en materia política, educativa y comunitaria, pero mientras nos damos a la tarea de propiciar los grandes cambios, podemos empezar con los pequeños, emprendiendo pequeñas luchas por mejorar el espacio más próximo que tenemos. Esas victorias, que podrán parecer insignificantes, nos mostrarán que la realidad puede cambiar y que con ánimo y valentía siempre podemos ir por más.  

Cierro estas líneas invitando a que el próximo 29 de octubre, con esta reflexión en mente, concurramos a las urnas y más allá de los réditos personales que podamos obtener, decidamos el mejor porvenir para nuestro departamento.

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Columnista invitado

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