El nuevo emprendimiento de mujeres víctimas del conflicto armado en Vichada

En una ciudad donde no hay industria de la moda, en la que prima más el modelo artesanal que el empresarial, un grupo de mujeres víctimas del conflicto confecciona uniformes para colegios, blusas para damas con modelos novedosos, sábanas, disfraces para temporada, y también se ponen el dedal para pegar botones y refaccionar pantalones a la medida y al gusto del cliente, además de planchar y pulir prendas.

Ellas decidieron que se llamarían Asociación de Mujeres Víctimas de Vichada (Asomvidevi), pero desde hace ocho años están agrupadas con la intención de buscar espacios de participación y nuevas oportunidades de ingreso.

Para darle solidez al proyecto, en el último año se registraron ante el Ministerio del Interior para acceder a proyectos para mujeres víctimas del conflicto armado. 

La Asociación la lidera Blanca Yoli Real, integrante de la Mesa Departamental y de la Mesa Nacional de Víctimas, que con su magnetismo ha organizado a cerca de un centenar de mujeres, de diferentes edades, que tienen algo en común: son sobrevivientes del conflicto armado, que les dejó marcas, cicatrices que a la vez despertaron en ellas su resiliencia y ganas de salir adelante.

Con ese propósito iniciaron su proceso de formalización y luego se les abrieron las puertas para gestionar con el Ministerio del Interior y la OIM, la donación de cuatro máquinas —fileteadora, plana, collarín y 20U— para fines decorativos.

También, la Unidad para las Víctimas les donó rollos de tela con los que han hecho sabanas y camisas, elementos que se convirtieron en la semilla para este proyecto común.

La sala de la casa de Blanca Yoli, ubicada en el barrio Tamarindo, de Puerto Carreño, se transformó en ese taller que alguna vez soñaron tener. 

Allí, Beatriz Montero, víctima de desplazamiento forzado, sacó a relucir su experiencia y por eso dirige la manufactura. “Llevo trabajando más de 15 años en este sector. Tratamos de apoyarnos para que todas obtengamos alguna ganancia para el sustento diario”, explica.

Las labores propias de la empresa ocupan alrededor de 10 mujeres, en su mayoría madres cabeza de hogar, que por algún motivo tienen conocimiento previo en modistería y esperan seguir generando ingresos con la confección de otras prendas como pantalonetas para niños y buzos deportivos.

El proceso “ha sido difícil porque nos faltan más máquinas y más mecanismos para hacer una vida productiva con mayor alcance. También, hay más mujeres que quieren integrarse, pero nos hace falta más materia prima”, dice Blanca Yoli. 

Debido a que estamos en una época que exige mayores retos, también les hace falta más preparación… por ser un proyecto nuevo para ellas, buscan la capacitación avanzada en modistería por parte del SENA.

No solo tienen ese sueño, también anhelan recibir otra máquina bordadora y más apoyo en la comercialización.

Y mientras esperan que se hagan realidad y que se den las condiciones para que otras mujeres puedan ingresar a su asociación, siguen trabajando con sus máquinas, cosiendo puntada a puntada un mejor futuro.

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