El chimó en la cultura llanera

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Por Andrés Fernando Velandia Martínez*

En las vastas llanuras que abarcan Colombia y Venezuela, la figura emblemática del llanero raizal se ve enriquecida por elementos distintivos, y entre ellos destaca la pella de chimó, una tradición indígena arraigada en la región desde tiempos precolombinos. 

La historia del chimó se entrelaza con las comunidades indígenas temotecuicas, cuyos saberes ancestrales dieron vida a esta peculiar «jalea de tabaco», que fue regalo de bienvenida para los conquistadores en 1492. La etimología misma revela su esencia: «chi» significa aliño, y «mo» extracto de tabaco.

Aunque los detalles precisos del origen del chimó no se encuentran en los libros, los criollos de la sabana del Arauca coinciden en su conexión con las tradiciones indígenas, especialmente con la tribu mencionada.

Para los llaneros, cuyas jornadas laborales son extenuantes, el chimó se convierte en un aliado vital. Esta mezcla de legía de madera y tabaco, moldeada en una pasta que se disuelve lentamente en la boca, ofrece un estimulante que atenúa el cansancio, el hambre y la sed durante las largas jornadas de trabajo.

El proceso de elaboración del chimó se remonta a prácticas amerindias que datan de hace 5.000 a 3.000 años a.C. Los indígenas venezolanos combinaban hojas de tabaco con sal de urao y cenizas de cáscaras secas de plátano, dando origen a la pasta negra que conocemos como chimó. 

No es para nada inusual el consumo del tabaco en las comunidades indígenas asentadas en países como Venezuela, Colombia, Perú y Ecuador. Además del chimó, se registran diversas formas de consumo y preparaciones con esta planta.

A pesar de su aprecio en la cultura llanera por sus efectos estimulantes, el chimó no está exento de controversias. Contiene concentraciones elevadas de nicotina, alquitrán y diversos tóxicos, asociándose con problemas de salud, incluido el cáncer.

Las autoridades de salud advierten sobre los riesgos, señalando lesiones odontológicas y varios tipos de cáncer vinculados al consumo de chimó. Aunque las tradiciones orales resaltan beneficios curativos, investigaciones modernas subrayan los peligros potenciales.

En su presentación tradicional, el chimó solía utilizar empaques biodegradables. Sin embargo, la modernización ha introducido envases de plástico, generando un impacto ambiental negativo. La inconsciencia de este cambio refleja un desafío en la adaptación de las tradiciones a la era contemporánea.

El chimó, arraigado en la historia y cultura llanera, se erige como un vínculo entre el pasado indígena y la realidad actual. A pesar de los riesgos para la salud y el medio ambiente esta práctica ancestral persiste, invitando a reflexionar sobre la complejidad de conciliar las tradiciones con las exigencias de la vida contemporánea.

*Colaboración con: Fundación Cultural Llano Adentro

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Columnista invitado

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