‘Escuelas Comunitarias’, la lucha de la Aatis-Jajlami y los profesores del río Guainía

Por: Jose Eduardo León

Guainía es considerada como una ‘tierra de muchas aguas’. Y no es para menos, posee cinco importantes afluentes: el río Inírida, Atabapo, Guaviare, el Cuyarí e Isana, y el río Guainía. Pero también es un departamento ampliamente indígena que tiene cerca de 162 comunidades indígenas en todo su territorio.

En la zona del río Guainía existen tres Asociaciones de Autoridades Tradicionales Indígenas (Aatis), que son: Jajlami, Wuayuri y Peetjem. Desde el año 2005 se pusieron una meta, la administración directa de los recursos de transferencias y la administración directa de la prestación de los servicios educativos para sus territorios. El periódico EL MORICHAL habló con los líderes y profesores de Jajlami, para conocer la historia de su proyecto.

Jajlami es una organización de carácter especial indígena legalmente constituida que se creó hace 16 años con el propósito de administrar el territorio, sus recursos y su educación.  

Según Leonel Evaristo, el representante legal, ellos parten de una realidad y una necesidad. “La Secretaría de Educación exigió a las comunidades llevar a los niños a los internados, en una edad donde es importante para la cultura nuestra educarse en la casa, por nuestra familia, y en los internados los niños aprendían mañas que no tenían que ver con la cultura. Sumado a esto, la Secretaría no supervisa la calidad educativa, sino los insumos, la remesa. Nosotros queríamos enseñar lo propio y proyectar a nuestros niños”, explica.

Con el lema “la comunidad es el Aula y no el salón de cuatro paredes” comenzaron a estructurarse y a organizarse. Cuenta el líder indígena, que los procesos se pelearon con los asesores de GAIA. En el 2006 solicitaron el manejo de los recursos a la administración departamental, y esta les respondió que ellos no tenían experiencia, pero siempre se los dijeron de manera informal. Algunas comunidades de los tres resguardos al ver que el proyecto no avanzaba, en el 2008 desistieron de la idea y volvieron a pedirle a la gobernación para que les manejara sus recursos. Sin embargo, Jajlami continuó.

Lo primero que hicieron fue adquirir experiencia en el manejo de proyectos pedagógicos en las comunidades entre el 2006 y el 2008, y así cumplir los requisitos solicitados para poder participar en una convocatoria del banco de oferente del Ministerio de Educación Nacional, en el año 2009. Por tres años los profesores de Jajlami trabajaron sin salario, luego se tuvieron que unir las dos Aatis, Jajlami y Wuayurí, para lograr el número de estudiantes. “Durante esos años el pago a los profes fue con mañoco, casabe, pepas de monte, ceje, etc, que obsequiaban los papás a los profes”, cuenta Leonel.

En un principio la propuesta de las Aatis fue rechazada por la administración departamental de ese momento, alegando que los indígenas no podían manejar su propia educación, pero las Aatis apelaron y recibieron el apoyo del Ministerio del Interior. Ese mismo año el gobernador Efrén Ramírez firma una ordenanza para declarar al departamento etnoe-ducativo, y el Ministerio apoya la iniciativa.

Es así como en el año 2009 suscriben el primer contrato interadministrativo con la gobernación por prestación de servicios, para atender a 170 alumnos en las 10 escuelas comunitarias. “Nos decían escuelas piratas”, dice Leonel Evaristo, porque no se parecían a los internados y a las escuelas comunes. Comienzan trabajando con el NIT de Jaajlami, en el periodo 2009 – 2016, y luego con el NIT de Wuayury, entre 2017 y el 2019. “Nosotros contratamos docentes y sabedores de las mismas comunidades, pero la Secretaria de Educación Departamental siempre ha estado en contra de eso”, asegura Evaristo.

El líder indígena explica que el inconveniente que han tenido es que no tienen recursos para rendir cuentas a todas las comunidades, para una reunión grande, “eso les ha afectado mucho”. “La apuesta es con el SEIP Amazónico, queremos actualizar la propuesta educativa, agregando la participación de las mujeres, los sabedores, algo necesario en el proceso educativo, sin dejar por fuera los modelos educativos nacionales, para ser más competentes” asegura Leonel, y agrega que, “queremos una propuesta de los pueblos indígenas del Guainía, que se desarrollen de acuerdo con la etnia, no solamente de los Curripaco”.

Para el profesor Alberto Willian Evaristo, quien lleva 8 años como profesor de la comunidad de Punta Brava, dice que se siente animado con su labor y lo que hace por su pueblo. “No queremos que se pierda la cultura, que los niños aprendan y nosotros aprendamos de ellos. Buscamos que ellos trabajen en nuestras labores de pueblos indígenas y que se vayan formando como líderes”.

A diferencia de la educación tradicional, en las escuelas comunitarias del río Guainía, los profesores son seleccionados por la comunidad, deben hablar la lengua que tiene mayores practicantes en la comunidad, haberse graduado como bachilleres y tener buena relación con los demás.

Un profesor de las Escuelas Comunitarias se gana un salario de cerca de un millón de pesos y en los últimos años lograron un convenio con la UNAD en licenciatura, para capacitar a sus docentes. “Tenemos 14 profesores estudiando en esa Universidad, en modalidad semipresencial. El tutor va al resguardo trabaja con los estudiantes y además deja trabajos”, explica Evaristo.  

El profesor Edgar López Ventura, docente de la Escuela Comunitaria de Cartagena, dice que lo importante es el trabajo con la comunidad. “La comunidad nos ayuda, nos apoya, con los saberes propios, artesanías, conocimiento, tejidos. Aquí prácticamente aprendemos todos y queremos llevarlo a todo el departamento”. 

La diferencia entre lo que los niños aprenden en las Escuelas Comunitarias, se ve en esta tarea que un profe les puso a sus estudiantes, explica Evaristo. “Si las guabinas duermen mirando hacia la orilla del río o mirando hacia el río, ¿eso qué significa? Para responder, los estudiantes deben preguntar a los abuelos, a la gente de la comunidad, eso es la educación propia”, dice mientras sonrie.

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