La odisea de volver a casa en época de pandemia

Hace tres años, cuando cumplió la edad de 17 y al graduarse de bachiller del colegio Custodio García Rovira en la ciudad de Inírida, Leonardo Antonio Sánchez, un joven indígena de la etnia Piapoco, decidió estudiar una carrera profesional. Fue así como, con gran esfuerzo, ingresó a la Universidad de Pamplona, viajando desde la capital del Guainía hasta el Norte de Santander a estudiar Comunicación Social. Nunca imaginó que la pandemia le pondría una barrera más a sus sueños, principalmente a su situación económica.

“Desde el inicio de la pandemia, cuando estábamos en clases recibimos la noticia que las cosas habían cambiado y que el sistema que se tenia de clases presenciales no se podría dar hasta un nuevo aviso, en mi caso estaba muy lejos de mi casa, me encontraba en la ciudad de Pamplona, Norte de Santander, junto a 14 compañeros más, oriundos de nuestra ciudad natal, Inírida”, comenta Leonardo.

La situación para muchos estudiantes se complicó. Volver a casa no era opción, pues cuando empezó la pandemia algunos aún se encontraban cursando su semestre académico, además, las condiciones geográficas y de transporte hacia Inírida limitaban las formas de llegar. Sumado a eso, la mala conexión de internet en el departamento hizo pensar a los universitarios si era una buena opción volver a casa, con un nuevo sistema de clases virtuales adoptadas por la mayoría de universidades del país.

“Cuando me enteré del vuelo humanitario que estaban gestionando los líderes universitarios del Guainía, llevaba ya varios meses encerrado solo y lejos de casa, y evaluando mi situación que no era la mejor; mi papá me llama diciendo que lo mejor es que me devuelva a la tierrita, entonces me contacté con los líderes y ellos me ingresaron en la lista de los primeros 47 universitarios que viajaríamos de retorno a Inírida”, explica Sánchez.

Para Leonardo fue una odisea llegar al internado local indígena de Inírida en donde ahora junto con sus compañeros están a poco de completar los 14 días de aislamiento y por fin reunirse con sus padres.

Para salir de Pamplona tuvo que pagar más de lo habitual pues los transportistas han elevado el costo del pasaje, y con el confinamiento estricto que se cumple a nivel nacional todo es más difícil, además del temor de contagiarse. Pero nada de eso impidió su viaje. Tuvo que transportarse 18 horas hasta Bogotá, hacerse una prueba de Covid-19 y llegar al aeropuerto con el resultado en sus manos, pues el que no tenía ese documento no podía abordar el vuelo. Dos estudiantes se quedaron por eso y muchos otros porque no tuvieron los 450.000 que costaba el tiquete a Inírida.

“Con un sinfín de protocolos de prevención y bioseguridad logré llegar a la ciudad de Bogotá, una ciudad con los casos de contagio más altos en el país, siempre con tapabocas, guantes, gel antibacterial y alcohol, aseguraba que mi viaje no fuera afectado. Fue gratificante el día que me encontré con mis paisanos ya me sentía cada vez más cerca de casa”, narra el universitario.

Una vez arribado en Inírida y siguiendo los estrictos protocolos establecidos por las autoridades, en el aeropuerto les esperaban expertos de salud para seguir con el protocolo y subirlos en un bus, y sin tener acceso a sus familiares fueron llevados directamente a las instalaciones en donde pasarían los 14 días aislados. Allí se instalaron en sus habitaciones y se hicieron las pruebas PCR para descartar algún contagio, resultados que recibieron negativos para todos los que hoy están en aislamiento.

Sin embargo, no todo ha sido perfecto, sabían lo delicado de la gestión, pero no se esperaban que algunos habitantes de Inírida los fueran a rechazar y señalar. “Nos hemos sentido extranjeros y rechazados por las mismas personas que nos vieron crecer en el pueblo y que compartíamos en las aulas de clases. Dicen que trajimos el Covid-19 y no es así, nosotros no hemos tenido contacto con nadie”, dice Leonardo, y agrega que, “aún con todas las adversidades que hemos pasado, nuestras familias, algunos comerciantes, el Vicariato nos han apoyado mucho y aquí formamos una linda unión entre amigos, ya llevamos 10 días aislados, aquí hacemos deporte, diferentes juegos, somos conscientes del riesgo que se vive en el municipio por eso cumplimos lo que acordamos en las actas de compromiso”.

Los estudiantes esperan por una tercera prueba PCR y una cuarta prueba rápida el día de la salida y así completar todo el protocolo de bioseguridad para por fin llegar a casa.

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