[Opinión] Más que un problema, una oportunidad, ¡El Covid -19!

Yidis Jesús Gahona Rodríguez 
Administrador de Empresas - Profesional en Gestión Cultural y Comunicativa 
Especialista en Gestión Cultural y Políticas Culturales  
Estudiante Maestría en Sociología  Universidad Nacional de Colombia 

Sin duda, las consecuencias que se derivan de la pandemia por el Covid–19 golpean con mayor intensidad a los sectores más necesitados de la población. Aquellos que tienen dificultades para acceder a un servicio de salud de calidad o contar con un empleo que brinde estabilidad y garantías son quienes llevan la peor parte de la crisis. Adicionalmente, la pobreza y el desempleo están aumentando dramáticamente y muchos de los pequeños negocios familiares quebraron y están cerrando para siempre.

Actualmente, Colombia tiene ocho millones y medio de personas pobres. En este ranking el Vichada ocupa el deshonroso primer puesto con un dato alarmante: 7 de cada 10 personas viven en pobreza, esto es, no cuentan con ingresos suficientes para sobrevivir ni condiciones dignas en sus viviendas, así como tampoco tienen derecho a servicios de salud y educación. Ante estas circunstancias, debemos agradecer que el coronavirus no nos haya golpeado con fuerza hasta el momento.

Estas limitaciones con las que hemos vivido los vichadenses no solo se agravan con la falta de toma de decisiones por parte de gobernantes para encarar la emergencia económica y social por la que atravesamos, sino que sabemos que son el resultado de muchos años de malas administraciones, de la corrupción y del aprovechamiento de los recursos públicos solo para el bienestar de algunas familias.

Por otra parte, y para evitar los contagios y una mayor propagación de la enfermedad, nos hemos visto obligados a aislarnos y distanciarnos de los demás. Lo contradictorio es que esto ya lo veníamos haciendo y no debe sorprendernos el hecho de que se han ido perdiendo prácticas como tener las puertas abiertas de la casa, en señal de confianza.

Por estos días son cada vez más escasos la solidaridad con los vecinos y las reuniones o los encuentros barriales, a nivel de cuadra, para celebrar cualquier acontecimiento o encontrar soluciones a las problemáticas comunitarias.

Y es precisamente lo anterior lo que debe conducirnos a hacer un alto en el camino y a pensar en cómo queremos vivir en los años venideros. Hoy, más que nunca, estamos llamados a fomentar la unión, la fraternidad y el trabajo colectivo para salir de este amargo e incierto momento, pero al mismo tiempo, urge que tomemos conciencia alrededor de todas esas cosas en las que veníamos obrando mal y que no podemos repetir si queremos conservar un equilibro con la naturaleza y construir sociedades con mayores oportunidades para todos sus miembros.

Los temas mencionados aquí tienen que ver con política y de ahí la importancia de involucrarnos en espacios para la toma de decisiones que determinarán nuestro futuro. Ya estamos construyendo algunos cambios, pero somos conscientes de que faltan muchos. Esta es una oportunidad para plantear soluciones integrales, es decir, respuestas que vayan más allá del cuidado de la salud y la economía y permitan luchar por un país más justo y equitativo.

“El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos”. Antonio Gramsci (1891 – 1937), pensador italiano.

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