¡ACTUEMOS!

Por: Yidis Gahona Rodríguez - Administrador de Empresas - Profesional en Gestión Cultural y Comunicativa - Especialista en Gestión Cultural y Políticas Culturales - Estudiante Maestría en Sociología - Universidad Nacional de Colombia 

Ese día no hicimos nada. Estábamos tan sorprendidos que no sabíamos qué hacer, solo bebimos una cerveza entre todos. Eran más de las 10 de la noche del 11 de marzo de 2018 y venía a nuestra mente el recuerdo de la decisión que tomamos de recorrer el país con un mapa en el que mostrábamos cómo nos han gobernado las mismas familias de siempre: entre otros, los Santos, los Ospina, los Lleras, los Pastranas.

Era increíble confirmar que habíamos ganado un espacio en el Congreso de la República y que, de ahora en adelante, tendríamos un reto mayor con los colombianos. Todo inició cuando, con un pequeño grupo de amigos, empezamos a reflexionar sobre las duras realidades del país y alrededor del hecho de que siempre ganan los mismos políticos, quienes llegan por el dinero que pueden recibir en un cargo de poder y no para contribuir en las soluciones que necesitan las personas. Ellos se han encargado de que la gente odie la política y nos han robado la esperanza de creer que con ella podemos resolver los problemas de la sociedad.

Pero pese a que la gente sabe esto y se encuentra insatisfecha por el país, siguen votando por ellos. De constatar esto, nació la idea de diseñar mapas conceptuales en los que mostrábamos la forma en la que los políticos de siempre les heredan los cargos públicos a sus hijos y demás familiares, pagan favores políticos, es decir, secuestran el Estado para su beneficio.

Los mapas son la herramienta pedagógica que nos ha permitido tener reconocimiento, desde el día que los estrenamos en la Plaza de Bolívar en Bogotá, hasta el recorrido que ya hemos hecho por ciudades del país como Ibagué, Medellín, Bello, Envigado, Cali, Barraquilla, Tunja, Villavicencio, Bucaramanga, Valledupar, Pereira, Armenia, Sevilla, Buga, etc. Con ellos hemos identificado la indignación de la gente, pero también constatamos que existen muchas personas dispuestas a multiplicar nuestro mensaje, como, por ejemplo, una Señora que ofreció poner los mapas en su peluquería para mostrar a sus clientes que la política puede ser algo diferente y que muchos otros tienen la capacidad de dirigir nuestras regiones y nuestro país.

Como ella, muchas otras experiencias nos han llenado de optimismo y empujado hacia adelante. Cada saludo en la calle, cada “qué buen trabajo, sigan adelante”, son nuestro combustible para no detenernos.

Nos impulsa saber que el país puede cambiar, que podemos incidir en la cultura política de los colombianos, mostrarles la importancia de tomar buenas decisiones, que velen por el bienestar general y no por el de unos pocos. Quienes queremos transformaciones en nuestras regiones debemos animarnos a disputarles el poder político a aquellos o aquellas que siempre lo han tenido. Es hora de cuestionar los privilegios y de dar a conocer que una nueva generación, preparada, inquieta y sensible no escatimará esfuerzos para que los ciudadanos se movilicen comprendiendo que los cargos de poder político deben estar al servicio de la gente.

Soñemos con gobernar, pero mientras esto es posible, tomemos decisiones para construir una región en la que la dignidad y la felicidad sean posibles. ¡Actuemos!

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