¡Esas cosas bonitas de mi pueblo!

Por: Yidis Jesús Gahona RodríguezAdministrador de Empresas – Profesional en Gestión Cultural y Comunicativa  – Especialista en Gestión Cultural y Políticas Culturales – Estudiante Maestría en Sociología  Universidad Nacional de Colombia.

Recrearé las impresiones de quien visita Puerto Carreño por primera vez. Son ideas que, a lo mejor, pasamos por alto quienes somos oriundos de este municipio o hemos vivido allí. Leerlas, recordarlas e incluso, reírse de las mismas es algo que nos hace sentir amor por este terruño y desear lo mejor para él.

Ese  lunes 24 de junio ella y yo nos encontramos en el Puente Aéreo en Bogotá. Partíamos en las primeras horas del día, en el único vuelo que desde la capital colombiana llega a mi pueblo, en la frontera con Venezuela. El primer gesto de mi compañera, mientras pesábamos nuestras maletas en la aerolínea, fue de sorpresa, pues nunca había visto que a tantos pasajeros de un avión les encargaran encomiendas para entregar a familiares de quienes hoy viven en Bogotá. Ante esta circunstancia, no dudó en preguntar: ¿todos se conocen? Contesté: ¡Claro! De donde yo vengo es un lugar muy pequeño, pese a ser la capital de un departamento, la mayoría nos conocemos.

Al llegar a Carreño el asombro no desaparecía. Nos bajamos del avión y prácticamente quedamos en la puerta de salida del aeropuerto. Pese a ser pequeño, le impactó el orgullo que tenemos por nuestra cultura llanera, esto lo vio reflejado en las fotografías de morichales, de ganado caminando por la sabana y de animales y plantas del llano.

Otra cosa que le llamó la atención fue que la mayoría de los pasajeros traen donas para compartir.

Luego empezamos el recorrido a casa de mi mamá, ella se sentía maravillada. Decía todo el tiempo ¡Es muy verde! Los árboles se sienten muy cerca. En una ciudad como Bogotá el cemento es el cercano, el aire fresco y el contacto casi directo con la naturaleza es poco o nulo.

Al observarla, yo notaba cómo su color de piel había cambiado inmediatamente, de un blanco profundo a un rosado intenso en sus pómulos, que se acompañaban de gotas de sudor. ¡Hace calor!  Sí y eso que el día mostraba lluvia, ya que el cielo estaba nublado.

Durante su estadía pudo conocer nuestro venerable río Orinoco, recorrer algunos barrios, el Cerro de la Bandera, escuchar historias de cómo nació Puerto Carreño y sobre todo, disfrutar de un lugar tranquilo, amable, habitado por gente valiente, llena de sueños y esperanzas, que no desfallece ante las dificultades. Ella me dijo: lo que más me gusto de mi primera visita es ver que la gente no olvida las letras del himno: “Ni un paso atrás, siempre adelante, siempre”.

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