Buenas alianzas, para ayudar a reconstruir el tejido social en el postconflicto

Por: Julio César Hidalgo A - E-mail:  juliochidalgo@gmail.com - Celular: 3114777320

¡Tiene 24 horas para irse de acá! Fue la orden que recibió un colombiano más -por seguridad me reservo su nombre- la orden fue impartida por individuos de un grupo al margen de la ley. Sin pensarlo, pero muy confundido y sin plata, abandonó su finca con sus animales y demás bienes, producto de largos años de trabajo. Esta es la historia de miles de colombianos desplazados por el conflicto armado que se vivió en nuestro país y que a pesar de la firma de un acuerdo de paz con uno de los actores armados, aún sigue repitiéndose y son los campesinos y las comunidades rurales las que más resultan afectadas por este fenómeno, el desplazamiento interno, que entre otras desgracias ha despojado de la tierra y hasta de la esperanza a muchos campesinos.

Llegar a la inspección de Garcitas no fue su decisión, la amenaza lo obligó a intentar una nueva vida en esa comunidad. Este pequeño caserío está  ubicado a orillas del majestuoso río Orinoco, es paso obligado al parque nacional natural El Tuparro, sitio al que escasas mil personas visitan al año para disfrutar de la riqueza de su flora, fauna, hídrica y paisajística en general. Garcitas es una comunidad conformada por no más de treinta familias campesinas esperanzadas en tener una mejor calidad de vida. Basa su economía en el contrabando de gasolina; sin embargo han realizado intentos por organizarse en una cooperativa de operación turística, los servicios de acueducto y energía eléctrica son deficientes; a pesar de estas necesidades básicas insatisfechas, están dispuestos a seguir haciendo patria y ejerciendo soberanía en este basto, disperso marginal; pero paradisiaco corredor fronterizo. Sin lugar a dudas requieren del apoyo estatal y de la responsabilidad social empresarial.

Cuándo la Fundación Orinoquía nos presenta el proyecto de acuaponía: cultivo de peces y hortalizas para la comunidad de Garcitas, donde tenemos una sede, pensé inmediatamente en la oportunidad de contribuir a la seguridad alimentaria de sus pobladores, de convertir esta iniciativa en un proyecto pedagógico-productivo y en un ejemplo de cómo  poder desarrollar una economía propia y que no dependa de la situación económica, política y social  del otro lado del río, en Venezuela.

El grueso de los recursos para el desarrollo de la iniciativa son aportados por la Fundación Give Power, pero que gracias a la gestión de la Fundación Orinoquía, también se han sumado Parques Nacionales, Sena, gobernación de Vichada, alcaldía municipal de Puerto Carreño, Armada Nacional, Ejército Nacional, Policía Nacional y la institución educativa Antonia Santos; pero aún se requiere de más aliados que contribuyan con esta causa social.

El pasado sábado 2 de marzo y gracias a la gestión de Leyla Marulanda (Sena-Senova) y Rosario Novoa (Fundación Orinoquía), sostuvimos una reunión con el señor Leonardo Baquero presidente de la Cámara de Comercio de Villavicencio y Lina Forero Riaño, presidente de la junta directiva de esa misma organización, charla cordial y amena, donde la Fundación Orinoquía compartió la iniciativa y los invitó a sumarse solidariamente a este propósito y ayudar a involucrar más aliados del sector productivo del país, a fin de garantizar recursos económicos necesarios para el  acompañamiento permanente y para la sostenibilidad del plan. Sabemos que contamos con ellos.

Adicional a contribuir, en parte a la seguridad alimentaria de los pobladores de Garcitas, la iniciativa  busca convertirse en un modelo de emprendimiento a ser replicado en otros lugares de la ruralidad de Vichada, en un atractivo para los turistas, a la creación de un nuevo ambiente de aprendizaje para los más de cuarenta estudiantes con que cuenta esa sede educativa y a la prestación del servicio de energía fotovoltaica para la escuela,  permitiendo que los estudiantes puedan usar los computadores, tabletas, televisor, equipo de sonido y otros artefactos con que cuenta la escuela para que las clases sean más interesantes involucrando las nuevas tecnología.

Este proyecto es una clara evidencia de que son necesarias las alianzas estratégicas para contribuir a la reconstrucción del tejido social que tanto se requiere en el postconflicto, aportando al propósito nacional de una paz estable y duradera. El llamado a las organizaciones públicas y privadas para que se sumen a esta iniciativa solidaria con la comunidad de Garcitas y con esa ruralidad marginada y víctima del conflicto armado. Para que personas como la que mencioné  en el primer párrafo, sientan la mano solidaria de sus compatriotas.

Finalmente, sea la ocasión para solicitar a los gobiernos local y departamental mejorar la vía de acceso a la inspección de Garcitas, especialmente a partir de caño Mesetas, son escasos 20 kilómetros, existen varios puntos críticos que dificultan el acceso tanto a la inspección como al mismo PNN El Tuparro. También es necesaria la instalación de un kiosco vive digital para garantizar formas de comunicación a sus habitantes, actualmente se encuentran incomunicados por la ausencia de un operador de telefonía celular. Mejorando la vía y la comunicación se facilitan las condiciones para promover el turismo en el territorio para que miles de colombianos y extranjeros disfruten de la inmensa riqueza natural de la ruta Casuarito-Garcitas-PNN El Tuparro.

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