El viacrucis de Ramón, año y medio en un albergue

Ramón ya puede caminar tranquilamente por las calles bogotanas, algo que le imposible hacer 18 meses atrás cuando llegó casi que al borde de la muerte y de urgencia al Hospital San Ignacio, de  la Universidad Javeriana, con un cuadro clínico poco alentador: un avanzado cáncer de pulmón.

Durante el primer semestre del 2016, mientras trabajaba en su finca, ubicada a orillas del río Muco, a unos 45 minutos de la inspección de Tres Matas (Cumaribo – Vichada) en moto, Ramón Gámez se dio cuenta que necesitaba atención médica urgente. Prácticamente no podía realizar ninguna actividad física, menos trabajar, porque el agotamiento era total, solo quería estar acostado en un chinchorro; algo anormal en ese llanero de 50 años que siempre había laborado de sol a sol.

De esos primeros días lo único que recuerda es que pasó un mes inconsciente, “estuve ido”. El día que reaccionó el médico le estaba hablando del triunfo del NO en las elecciones de hacía tres días. “Yo le dije como así doctor, luego hoy no es 6 de septiembre” relata Ramón, pero el galeno le confirmó que era 6 de octubre de 2016.

De ahí en adelante este vichadense ha tenido que enfrentar la realidad de quienes son remitidos desde el territorio a uno de los albergues para poder recibir atención médica especializada. De hecho, al principio tuvo pagar dos meses de estadía en el albergue de su propio bolsillo, pues justo por esa época (finales de 2016) la EPS Comfamiliar Huila cesó su prestación del servicio en Cumaribo.

Para salir de ese atolladero económico Ramón redactó un derecho de petición a la Súper Intendencia de Salud, Personería de Cumaribo, Alcaldía de Cumaribo, Gobernación del Vichada, Secretaría de Salud del Vichada y Mallamas (su nueva EPS). Al final solo esta última le respondió y rápidamente fue ubicado en el ‘Albergue su llano’.

Otro viacrucis lo vivió para lograr que le realizarán las quimioterapias. Cuatro sesiones que debían ser realizadas en máximo 3 meses (una cada 21 días), se las terminaron haciendo en 6 meses, y eso porque Ramón peleo con las enfermeras del alberge, con los funcionarios del Instituto Nacional de Cancerología, mejor dicho con todo el mundo para lograr que se le hicieran rápido las quimioterapias.

Entre charla y charla Ramón explica que a veces parece tan obvio el afán que tienen en los albergues por retrasar el proceso para los que los pacientes pasen meses recibiendo tratamiento médico, pues para su caso la Gobernación de Vichada puede estar pagando aproximadamente unos $140.000 por cada día que él esté allí.

Nada más explicaría por qué al cierre de esta edición Ramón lleva más de 20 días en el albergue esperando que le autoricen viáticos y una bala de oxígeno, para viajar a su Vichada del alma. De hecho la recomendación es que entre más rápido viaje mejor porque para su enfermedad el clima cálido le sienta mejor que el frío capitalino.

Después de 18 meses Ramón Gámez ganó un round en esa dura pelea contra el cáncer, por lo pronto tiene que volver en un par de meses a Bogotá a controles médicos. Ahora solo espera regresar a Vichada y en Cumaribo conformar la asociación de usuarios de Mallamas, para desde allí librar una batalla aún más dura: conseguir que se preste un servicio adecuado a todos los pacientes, pues no le parece justo que otros vivan el viacrucis por el que él acaba de pasar.

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