1.179 kilómetros de aventura y emoción en caballos de acero

Texto y fotos por: Oscar Pulido Forero

Entre las mejores evocaciones de infancia recuerdo con alegría y nostalgia los legendarios “Llanos Orientales”, viajábamos a una finca familiar ubicada a 45 minutos de Tres Matas, en el Departamento del Vichada, sector de “Caño e’ Pipo”. Me considero afortunado por todas las experiencias, leyendas, personajes, historias, animales, fogatas, caminatas, pescas, noches estrelladas, zancudos, varadas y perdidas en la sabana de las que siempre salimos bien librados.

Aunque me distancié de la región, la añoranza de la cultura llanera siempre fue latente, en Bogotá asistí a conciertos del Cholo Valderrama, Aries Vigoth y Reinaldo Armas, siempre procuro presenciar los grupos de Danza Llanera, en Villavicencio escuché a Jhon Onofre –antes de su protagonismo en TV–  y cuento una selección de música llanera que me sube el ánimo y con los joropos se me agita el corazón y las sensaciones.

El 2018 llegó con la fortuna de materializar en simultáneo dos sueños, por un lado mi pasión por el ciclismo que me ha llevado a conocer majestuosos lugares y para mi es algo que trasciende más allá del deporte, y por otro lado recorrer uno de mis lugares predilectos “los Llanos Orientales” que son místicos, inmensos, indescifrables, desafiantes y agrestes.

El objetivo inicial era llegar a Puerto Carreño donde partiríamos en lancha hacia Puerto Nariño donde iniciaríamos un recorrido que sumaba más de 1300 kms, sin embargo la poca conectividad de la zona y la incertidumbre nos llevaron a considerar planes B y C para nuestro retorno, finalmente la opción más viable definida durante el camino fue regresar por Cazuarito, Garcitas, El Placer o Inspección El Tuparro y Cumaribo.

Para el alistamiento llevábamos desde estufa con combustible, mercado, botiquín y un completo arsenal para reparar cualquier parte de la bicicleta con una lista de chequeo de más de 30 implementos, hasta los recipientes para cargar 4 litros de agua por cada viajero; por lo inhóspito de algunos sectores éramos conscientes de la planeación y que no podíamos dejar nada a la suerte, o imagínense que plan B se puede tener para un tornillo, radio o parrilla quebrantados en uno de los arenales de la inmensidad del llano.

De Bogotá a Puerto Gaitán tomamos transporte a las 7:10PM a $42.000, las ciclas cupieron con alforjas sin necesidad de desarmar: “Flota la Macarena, mucho más de lo que usted se imagina”; hubo tiempo para tomar café en Gaitán. A las 5 de la mañana abordamos la lancha hacia la Primavera, hizo una parada en Santa Rosalía sobre las 8:30 para tomar Café, y llegar a Puerto Borracho a las 9:45 am, de donde partimos en cicla a la Primavera que queda a 7 km y nos sorprendió por su infraestructura. Ese día pedaleamos hasta el Rincón y sumamos 45 km, buenas sensaciones.

Al siguiente día madrugamos, fue emocionante escuchar a los monos aulladores, despertarnos con los cánticos de infinidad de aves y charlar con don Ismael Rodríguez para entender otras realidades a las que somos ajenos.  En el recorrido vimos dos zorros grises (o perros de monte) y un venado. La primera parada fue en Agua Verde, a 29 Km, luego pasamos por un bajo donde vimos un cachirre (babilla), y a los 50 Km sobre, las 10:30 de la mañana, llegamos donde “Puntudo” quien fue muy amable y nos preparó almuerzo. Ahí comenzamos a sentir las inclemencias del sol y tomamos una siesta debajo del palo de mango. Ese día llegamos a Nueva Antioquia y pernoctamos antes del cruce de la Culebra en la “Finca las Palmitas”, donde también fueron muy hospitalarios; nos recibió César que amenizó todo el rato, nos enseñó a “colear el toldillo” porque estaba muy corto y nos invitó a “Chimo o Chimu” y hasta nos cantó versos llaneros. En total se recorrieron 99 Km ese día.

Madrugamos de nuevo aunque las amenas charlas también nos tardaron y resultamos saliendo a las 8:30 de la mañana, quedó pendiente para el siguiente viaje visitar la laguna que tiene una isla en el centro, y tan solo es a 25 minutos caminando. Ese día hubo pocas casas y poca sombra en el camino, el sol y el viento fueron los acompañantes. Sobre las 11 am buscamos refugio en un kiosco al costado de la casa del ex gobernador –hasta el agua de las caramañolas estaba caliente y el sol era abrumador–.

Hicimos una segunda parada en un sector que cambió el paisaje y había un aviso de “Bienvenido a Primavera” saliendo desde Carreño, encontramos más árboles a la orilla y había un paisaje con más serranías, subidas y bajadas, nos adentramos a la punta de monte donde esperábamos encontrarnos con el Rio Muco, y por fin después de pedalear 80 Km llegamos donde “la Chata”, que tiene un lugar muy acogedor con bonitos jardines a la orilla del Muco, ahí tomamos transporte hacia Puerto Carreño (La distancia entre la finca de “La Chata” y Carreño son 190 kms).

Despertar en Carreño fue motivador, arreglamos el equipo y dejamos todo cuadrado para ir a conocer, nos hospedamos donde Jairo Gómez y su hijo Adair con quienes tenemos un parentesco familiar por nuestros padres y abuelos oriundos de Supatá (Cundinamarca). La mejor forma de conocer un destino es directamente con sus pobladores, y tuvimos suerte de estar con ellos para recorrer y sensibilizarnos de la realidad en Puerto Carreño. También nos recibió Leónidas Pulido, un tío que lleva buen tiempo viviendo en la región.

Recorrimos toda la capital del Vichada, nos bañamos en las aguas claras del Rio Bita y disfrutamos de su arena blanca, nos deleitamos con los platos preparados en las casas y probamos la “Palometa” que nunca había visto -realmente una delicia todos los platos-, inclusive el marañón en grano y deshidratado fueron un placer al paladar; es una zona rica gastronómicamente con diversidad de oferta y precios muy asequibles a diferencias de otras capitales del país. (Promedio $8.000)

Apreciamos el atardecer en el “Cerro de la Bandera”, asombroso, entretenido para caminar, las rocas toman todo el calor del sol y en la noche es ideal para ver las estrellas, la panorámica del Rio Orinoco y del Rio Bita que se ven a lo lejos es majestuosa –poco perceptible con una cámara fotográfica–. También visitamos a Jairo Novoa, quien es operador logístico y ciclista, para analizar nuestro regreso y nos dio buenas pautas que complementamos con la información de Edwin Suarez (Director de El Morichal) y la orientación de Julio César Hidalgo (Rector del Colegio de Cazuarito) para tener claridad del retorno.

En el último día en Puerto Carreño le madrugamos al Cerro del Bita y tuvimos un amanecer que se perpetuará en nuestros recuerdos, recorrimos en bicicleta todo el sector de las rocas y nos bañamos en playas de arena y roca, estuvimos en “la Cueva de Arévalo”, fue un día perfecto para finalizarlo con un baño en las aguas tibias del Rio Orinoco. ¡Realmente maravilloso! Ojalá y las autoridades locales sean conscientes del potencial turístico que tienen y aprovechen la ventaja comparativa con la diversidad de la zona, personalmente creo que falta visión para hacer más competitiva la capital porque cuentan con todos los recursos naturales y sería una fuente de empleo e ingresos, así como ya sucede con el boom turístico de Caquetá y otras zonas que al igual que Carreño tuvieron problemas de orden público y tienen ahora oportunidad de desarrollo con el turismo.

El acercamiento a nuestra travesía lo hicimos por lancha entre Carreño y Cazuarito, el traslado fue de 1:30 min y el costo de $25.000. Nos recibió el rector del Colegio y nos dio instrucciones finales para nuestra aventura.

Al no recibir respuesta positiva de PNN para conocer El Tuparro decidimos hacer otro recorrido sin entrar al parque –Nos enteramos después que un grupo de motos de alto cilindraje ingresó al PNN El Tuparro e hizo el recorrido sin gestionar permisos– , sin ánimo de controversias nos preguntamos: ¿Qué genera más impacto ambiental, las motos o las bicicleta?, también percibimos una barrera para los interesados en conocer El PNN el Tuparro. Si se suman traslados a Carreño, traslados en Lancha y la guianza sin posibilidad de pernoctar es un destino que requiere una alta inversión y solo puede ser cubierto por un grupo selecto.

Tras pedalear 22 kilómetros llegamos al Caño Mesetas, de aguas cristalinas y playa blanca, donde disfrutamos de un baño reconfortante que bajó la temperatura corporal. Antes de llegar a Garcitas se pasa la comunidad indígena de “Cachicamo” y por el “Cerro Garcitas”, que son formaciones rocosas imponentes en medio de la llanura, Al kilómetre 43 llegamos a Garcitas, que en lo personal me impacto su playa llena de arena y rocas con visos brillantes, donde al fondo se contempla el Tepuy Autana ubicado en Venezuela y uno de los más altos hacia ese sector con 1.220 metros sobre el nivel del mar.

Iniciamos nuestro viaje con un recorrido en la lancha de “Bedoya” –a todos los llaman por sobrenombre–, tardamos 2 horas 30 minutos para recorrer 75 km por el Orinoco y Tuparro, cruzamos los raudales Guajibo y Tuparro donde descargamos adrenalina, especialmente en este último donde había el esqueleto de una lancha contra las rocas. Nos dejaron en un lugar llamado “La Roca”, el terreno fue exigente física y mentalmente, incluso tuvimos rotura de cadenilla sobre el mediodía que supimos solucionar, pero nos desgastó. De ahí en adelante fue sabana, llano, pajonales, bajos, vimos una culebra, ninguna casa en la vía y al final se nos agotó el agua. Por fortuna tuvimos la suerte de llegar a la casa de “Moiso y Doña Julia” que fueron excelentes anfitriones después de 101 km de pedal en un día que finalizó acompañado de lluvia y charcos.

La aproximación del segundo día fue pasada por agua, un terreno barroso y de sobresaltos que afectó las bicicletas y aflojó tornillos, comenzándonos a convertir en “baquianos del pedal”. Nos cuestionó el paso por lugares como “La Tienda” que se evidencia pujanza en un pasado y actualmente está en ruinas. Transitamos por senderos para motos que eran entretenidos porque distraían el cansancio y paisajísticamente eran complacientes, para finalizar el día en la Comunidad Indígena Guayaquil a 87 kms.

Continuamos nuestro recorrido a Cumaribo donde previo al arribo nos bañamos en un caño con un entorno natural agradable y relajante. Nos tomó 82 km para llegar al municipio más grande de Colombia, al cual toma llegar desde 2 hasta 12 días desde Bogotá según esté el invierno. Es acogedor y organizado, con buen comercio y nos agradó ver una mayor representatividad de habitantes con rasgos indígenas.

En el recorrido de Cumaribo a Tres Matas tomamos fresco donde “Zapato-Rojo”, allí conocimos a “Pan-Loco”, quien nos invitó a su casa en Tres Matas para guindar nuestras hamacas. Pasamos por La 14 luego de haber pedaleado 54 km desde Cumaribo, para finalizar el día con 117 Kms acumulados de serranías, buenas panorámicas y trayectos con varias vías que nos hicieron perder en dos oportunidades, para finalizar con el interminable Terraplén.

Llegar a Puente Arimena desde Tres Matas nos tomó 112 kms, desde las 5:30 am a las 5:30 pm. Pasamos por El Progreso y Gaviotas, desayunamos en El Viento y comenzamos a adentrarnos en la civilización; en inmediaciones de la ruta entramos al “Acuario” en Carimagua, donde tomamos un baño en un lugar muy placentero. Particularmente los precios de la comida comenzaron a subir -pasamos de $7.000 en promedio a $10.000-, y la arena, junto con el desgaste, comenzaron a cobrar factura.  Entre Arimena y Puerto Gaitán comenzó un terraplén de piedra al que fue necesario hacerle terapia mental para no sentirlo, incluso los carros iban a baja velocidad y las condiciones de la ruta eran para desajustar a cualquiera. Faltando 16 kilómetros de Gaitán llegamos al Pavimento y fue un aliciente para nuestras muñecas y nalgas el cambio de terreno, ese día avanzamos hasta El Toro pedaleando 123 kms, el sol igual que todos los días hizo de las suyas y nos puso a dormir en la Maloca de Puerto Gaitán.

El remate para finalizar el llano entre Toro y Villavicencio nos sumó 148 kms. Para bajar la temperatura tuvimos un excelente baño en el “Rio Negro de Pachaquiaro”, ya con la motivación en alto lográbamos velocidades hasta de 35km/h y un buen promedio. Sin importar las alforjas, el peso y el cansancio acumulado sabíamos que nos esperaba un día de descanso en Villavicencio que fue reparador para adentrarnos en la cordillera.

El último punto fue una finca en Choachí a 77 kms de Villavicencio, para rematar el último día con el paso por el páramo del Verjón, por una altura aproximada de 3200 msnm que encumbró nuestro espíritu ciclístico y viajero. Reflexioné en los últimos kilómetros antes de llegar a mi casa en Mosquera, y adicional a toda la suerte que tuvimos, creo que las personas con las que nos cruzamos en el camino fueron maravillosas, generosas y hospitalarias como lo son los llaneros. Quedaron sitios por explorar con mayor detenimiento y será necesario regresar para vivenciar y entender desde otras perspectivas la “otra Colombia llanera” colmada de leyendas, historias y personas formidables”. También le reconozco la determinación a mi equipo viajero, mi amigo “sobre2ruedas” Oscar Cañón González y mi primo Jeffrey Rolando Gómez Pulido, que fueron excepcionales acompañantes de travesía.

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2 comentarios sobre “1.179 kilómetros de aventura y emoción en caballos de acero

  • el 7 febrero, 2018 a las 9:21 pm
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    Que bueno Oscar Pulido y demás ciclistas acompañantes que hayan podido cumplir el reto: Recorrer el Vichada en bicileta.

    Siempre bienvenidos a estas tierras matavillosas

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  • el 7 febrero, 2018 a las 9:27 pm
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    Los trámites complejos, la burocracia y los altos costos son los factores que inciden en que muchos vichadenses no conozcan su propio PNN El Tuparro.

    En la práctica, por costos acceder al parque es el privilegio de unos pocos.

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