Editorial: La participación en la democracia inexistente…

“La palabra fue acuñada por Tomás Moro para describir una sociedad ideal, y por lo tanto inexistente… En ella, Utopía es el nombre dado a una isla y a la comunidad ficticia que la habita, cuya organización política, económica y cultural contrasta en numerosos aspectos con la sociedad…”, se puede leer en una de las enciclopedias más populares de internet al buscar el significado de Utopia.

Así las cosas, que tal recordar que las Constituciones y los objetos de los países son un “ideal de país”, “Un sueño de nación”, “una noción de libertad, de igualdad y de fraternidad”, algo ficticio e inexistente, una profecía de algo que tal vez algún día será – o nunca será. También conceptos como patria y democracia. Pero se nos repite tantas veces, que llegamos a esperar que sea realidad, solo por el hecho de repetirlo.

Luego se nos dice que “la participación ciudadana es un conjunto de mecanismos para que la población acceda a las decisiones del gobierno de manera independiente sin necesidad de formar parte de la administración pública o de un partido político”, se puede leer en  Wikipedia. Ya ni siquiera se tiene en cuenta, que la “participación” y la “ciudadanía” son elementos, características propias de la democracia, sino que se asume como algo cierto y concreto, pero partimos de lo “ideal e inexistente”, sin embargo, se hacen manifestaciones, se cobran tributos y hasta se asesina en “defensa de la libertad y de la igualdad…” ¿Cómo puede accederse a las decisiones sin hacer parte del partido? ¿Cómo si se está fuera de la cancha para ser independiente se puede participar en los hechos del partido que se juega en la democracia? Por encima, este preconcepto expresa una idea de algo inexistente.

Varias veces nos han dicho “que existe una democracia directa o pura cuando son los mismos ciudadanos, sin intermediación de representantes, quienes participan directamente en la toma de decisiones de carácter político a través del voto directo”.

En la democracia directa, se lleva a cabo ciertos mecanismos por medio del cual el pueblo participa de manera continua en el ejercicio directo de poder, como en el caso de la participación ciudadana, plebiscito, referéndum, iniciativa popular, entre otros.

La democracia es la forma de gobierno del pueblo, para hacer a todas las personas, libres, iguales y fraternas, y nos gusta creer esto, pero no podemos dejar de lado, que las personas “aman las cadenas”, no son iguales, porque no tienen el mismo acceso a la información, a la cultura, y “…demás derechos inherentes a su humanidad”, y los diversos contextos en los que recibieron su primera formación e información de humanidad los hace muy poco fraternos. El pueblo de las constituciones y democracias, es “una comunidad ficticia”. Tal vez ésta sea la razón por la que en algunas culturas políticas o religiosas deciden ser extremadamente concretos y efectivos siendo prácticos en su aplicación de la muerte como pena ante delitos en contra de la sociedad. En proverbio colombiano: “muerto el perro se acaba la chanda”.

Pero entonces ¿para qué tanta palabra repetida? Quizá para que unos mueran y los estos vivan. La biología nos empuja a estar de lado de los nuestros (estos vivan) y no de los otros (ellos mueran), tantas palabras de cosas ideales e inexistentes, solo nos ayuda a vivir con menos peso en la conciencia, para poder continuar caminando. ¿Para qué sirven la democracia, la participación, la patria, la justicia, la ley, el sistema de salud, el sistema electoral, la comunidad (común- unidad)… y todo lo demás, si son ideales e inexistentes? Para lo mismo que sirve Utopía.

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