“Lo perdimos, lo perdimos. El motor se apagó”

La historia contada por quien vivió la emergencia de la avioneta en Guainía

Cuando el piloto le dice al técnico “lo perdimos lo perdimos” la confusión de los dos pasajeros de la aeronave HK2155 tipo Cessna 172 era total. No había nada que hacer. La avioneta se apagó y empezó a descender rápidamente sobre el manto de selva que cubre el departamento de Guainía.

40 o 45 minutos antes empezar la emergencia, por la mente de Diego Alexander Pérez se paseaban los pensamientos y el nerviosismo típico de una persona antes de abordar un avión. Pero, en este caso eran mayores y con toda la razón.

La aeronave que iba a tripular acababa de tener un vuelo de prueba de 20 minutos en el que presentó buen comportamiento sobre la reparación que le habían hecho porque tenía pérdida de presión en el aceite que llega al motor.

Sobre las tres de la tarde del 30 de enero Diego Pérez más otro pasajero, el piloto y el técnico de la avioneta HK2155 emprendieron vuelo desde el corregimiento de San Felipe hacía  el municipio de Inírida.

Diego Pérez en los Cerros de Mavecure (Guainía). Foto: archivo personal Diego Pérez

Ya en el aire y a 25 minutos de llegar a su destino, en un vuelo promedio de 1 hora y cinco minutos, la aeronave empieza presentar nuevamente pérdida de presión en el aceite. Tratando de solucionar el problema el piloto toma un poco más de altura, porque según el técnico así se nivelaría la presión. La situación mejoró por escasos tres minutos.

Desde la silla de atrás Pérez escuchaba como el piloto le decía al técnico vamos en 30, en 20, en 15… 8, 7… “lo perdimos, lo perdimos. El motor se apagó”.

Con la avioneta planeado pero perdiendo altura rápidamente los demás tripulantes, por petición del piloto, empiezan a buscar el mejor lugar para aterrizar. El piloto no conoce bien el lugar por donde van porque la empresa Aeromenegua para la cual trabaja tiene operaciones en el departamento de Vaupés, pero llegó hasta San Felipe haciendo un vuelo chárter.

Tenian tres opciones de aterrizaje: una carretera, una sabana que está un poco más adelante -pero es menos viable esta opción porque no saben si alcanzan a planear hasta allá- o acuatizar en uno de los tantos ríos que tiene Guainía. Por fortuna, el otro pasajero que los acompaña es de la zona y ubica una carretera de arena intransitada en medio de la selva.

Con la pista identificada el piloto dice a los ocupantes que desaseguren las puertas para que en caso de un choque éstas no se apachurren y puedan salir de la aeronave.

Mientras el piloto y el técnico sorteaban la emergencia de la mejor manera, Diego nunca pensó que fueran a morir. En cambio, el otro pasajero sí le agarró las manos y le dijo “nos matamos”. Pérez todo el tiempo lo tranquilizó.

Los tres o cuatro minutos que duró el descenso para Diego se pasaron en cinco segundos. Cuando vio que el avión ya estaba de frente sobre la carretera y muy cerca del suelo, se puso en posición fetal a esperar el desenlace.

Cuando tocaron tierra una de las alas golpeó contra un palo e hizo que la avioneta se desestabilizara, pero como la carretera era de una capa gruesa de arena mojada ésta se enterró y frenó en seco. En el impacto se rompió la hélice y el tren de aterrizaje.

El primero en bajarse fue Diego. Todos estaban bien. Faltaban 10 para las cuatro. Caminaron cerca de 23 horas por la carretera hasta llegar a la comunidad indígena de Huesitos. Desde allí reportaron que su desaparición había terminado, que estaban a salvo. Un helicóptero del Ejército Nacional los recogió y los llevó hasta Inírida.

Diego Alexander Pérez es diseñador gráfico, tiene 33 años y coordina el proyecto de los Kioskos Vive Digital en Guainía, cree en los ángeles y, por supuesto, en los milagros.

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