Acuerdo de paz: ¡los colombianos tendremos la última palabra!

EL PLEBISCITO SERÁ EL MECANISMO CON EL CUAL, EN LAS URNAS, LOS COLOMBIANOS DECIDIREMS SI QUIEREMOS LA PAZ O NO.

La firma del punto sobre el fin del conflicto que se dio el pasado 23 de junio en La Habana (Cuba) deja a Colombia al borde de la paz con las Farc, a escasos uno o dos meses, día en que se firme el acuerdo que generaciones enteras hemos estado esperando. Pasará a la historia más de medio siglo de guerra.

La celebración del Presidente Juan Manuel Santos y los jefes negociadores del Gobierno frente a la firma de este punto es que, aparte de ser el que más desacuerdo generaba entre las partes, las Farc aceptaron el plebiscito como mecanismo de refrendación del acuerdo de paz. Eso significa que los colombianos tendremos la última palabra.

Sin embargo, sabemos que el país está polarizado frente al proceso de paz. El Centro Democrático, partido político del expresidente Álvaro Uribe, promueve desde hace un mes la recolección de firmas que ‘respaldará la demanda de constitucionalidad al acto legislativo para la paz una vez sea aprobado en el Congreso’. El ex candidato uribista a la gobernación de Vichada, Gustavo Londoño, recogió en Puerto Carreño y La Primavera, pronto en Santa Rosalía y Cumaribo, las firmas en contra del proceso de paz que promueve el expresidente.

Es aceptable que alguien esté en desacuerdo con la manera en que se han adelantado las negociaciones, lo incompresible es ver que quienes promueven y deslegitiman la paz para Colombia son, principalmente, gentes de estratos altos que viven en las principales ciudades del país y que han vivido la guerra por televisión, porque los soldados y guerrilleros que se desangran con las balas son hijos de campesinos que no encuentran otro futuro más que engrosar las filas de ambas partes.

Todos los vichadenses sabemos que durante el proceso de paz del expresidente Andrés Pastrana las Farc asfixiaron al Vichada. Reclutaban los adolescentes. Los ganaderos, comerciantes, transportadores, etc., pagaban vacuna y no se podía tener un carro o una moto porque los insurgentes se la llevaban y la devolvían inservible.

Bajo esas circunstancias fue que llegó Álvaro Uribe con la política de ‘seguridad democrática’ y le devolvió la tranquilidad al departamento y al país. Sin embargo, esa misma arremetida demostró que con la geografía de este país, la guerra no es el mecanismo para ponerle punto final al conflicto armado. En más de 52 años, ni las Farc ni el Gobierno colombiano han encontrado la victoria, y no la encontrarán, a través de los fusiles.

Esa misma tranquilidad que nos entregó Uribe en su momento la podremos mantener si respaldamos el acuerdo de paz que se firmará dentro de poco.

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