Vichada, esperanza alimentaria del mundo

Foto: Archivo El Morichal
Por: Lorena Rubiano Fajardo.

“CAMINOS CIRCULARES DE LA SELVA, UNA SOLA BÓVEDA VERDE, MOVIMIENTO CÓSMICO, UN ETERNO RETORNO EN LA RENOVACIÓN VEGETAL”

Rómulo Gallegos

El sol en el día y la enamorada luna en la noche son los testigos mudos, del lento progreso de nuestra Orinoquia colombiana, en donde carreteras polvorientas, que en invierno se llenan de lodo, ríos que con su murmullo arrullan el silencio de la llanura y gracias a la falta de energía, se admira en la noche , la celeste bóveda infinita llena de luceros. Al amanecer un sonriente llanero te ofrece un café, una charla y unos buenos días. Lejos del mundanal ruido, de los torbellinos humanos y del ruido de carros viejos y los obstáculos de las enormes moles de cemento, un puñado de compatriotas, labran y trabajan la tierra para sacarle sus mejores frutos.

Esta tierra de la cual hablo con amor, por ser parte de nuestro territorio patrio, es el Vichada, pero así es también toda nuestra Orinoquia.

Eran nuestros territorios nacionales, y gracias a ese abandono estatal, no llegaban ni maestros, ni tecnología, ni depredadores a acabar con la naturaleza, ni inversionistas ávidos de dinero.

Muchos compatriotas dejaron allí sus cenizas, pues nunca tuvieron la oportunidad de tener asistencia médica, ni de lograr salir aun lugar con servicios de salud, pero sembraron de esperanza un territorio que ahora es visto como futuro agrícola del país.

Ahora el gobierno, que no le puso atención a los campesinos de la región para ayudarlos con vías y medios de comunicación, para poder sacar sus productos a los centros de consumo y a los medios de exportación, pondrá al servicio del gran capital todos los apoyos del estado para desarrollar tecnológicamente esta hermosa región.

Por eso ellos más que cualquiera, tienen prioridad para que se les respeten sus derechos y  a que sean tenidos en cuenta no como simples empleados de los megaproyectos, sino como socios de esas empresas que ahora entran a aprovechar lo que ellos hicieron durante decenas de años.

Por otro lado y ante los intensivos y sorpresivos cultivos de  caucho, maderas, maíz, soya, palma, y pastos para lograr ganadería más productiva y otros desarrollos productivos, es necesario que se preserven grandes extensiones de vegetación nativa y de cultivos de pan coger, para que en los próximos años no los tengan que llevar a altos precios, desde el interior del país.

Entonces hay que preparar a sus habitantes por el gran impacto económico y agrícola que va a tener la región y que si no se previene va a vulnerar los derechos de sus verdaderos colonizadores y protectores del medio ambiente.

Debe el gobierno fijar  directrices de política de tierras y de proyectos  agrícolas, antes de que se desarrollen esos megaproyectos agrícolas por parte de empresas multinacionales y de capitales extranjeros, chinos o europeos que están buscando tierras, para cultivar previendo unos escases de alimentos en el mundo.

Entonces no debemos permitir que a nuestros campesinos les quiten sus tierras declarándolas como baldíos estériles y permitir que se las compren a precios irrisorios, para ponerlas a valer por parte de sus nuevos propietarios.

La altillanura es el objetivo del desarrollo de estos proyectos con inversión extranjera y de  las 13,5 millones de hectáreas hay 2,8 millones que tienen vocación agrícola y forestal, las otras tienen que ser adecuadas para tal fin y requieren mayores inversiones.

Es urgente pues, legislar en esta materia, bienvenida la inversión extranjera en estos territorios, pero respetando los derechos de los nativos y campesinos de la zona y obviamente con total apego a las normas de protección ecológica.

Cualquier infraestructura, férrea, vial , fluvial, o eléctrica , debe cumplir con las exigencias del respeto por el medio ambiente, deben constituirse grandes centros de acopio cerca de los medios de transporte y sobre todo eliminando los intermediarios que son los que explotan al campesino colombiano.

Debemos igualmente superar la incertidumbre jurídica que existe entre los  agroindustriales versus campesinos sobre el tema de las Unidades Agrícolas Familiares (UAF)”.

Así podemos muy pronto tener una gran despensa agrícola, en la Orinoquia colombiana, que podrá nos solo proporcionar alimentos al país sino al mundo entero.

Hace poco el Banco Mundial presentó un informe titulado “Programa de Paisajes Integrales Sostenibles para la Orinoquía” en la que se destaca el valor estratégico de esta región del país, como una de las pocas del mundo adecuadas para proteger el medio ambiente mediante programas de reforestación.

De hecho, según el organismo multilateral solo hay 3 regiones en el mundo que cumplen con estas características de desarrollo sostenible.

Para el industrial Alejandro Santo Domingo su : “ gran sueño es que Colombia se convierta en un gran exportador de granos”. Explica así su más reciente apuesta empresarial: sembrar soya y maíz en los Llanos Orientales.

Con Santo Domingo, existen varios proyectos que convertirán  al Llano y la Orinoquia colombiana en una despensa para el mundo

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